Jueves, 24 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Jorge de la Torre y su historia novelada

Jorge Núñez Sánchez - Director de la Academia de Historia de Ecuador

La memoria de una persona inteligente y lúcida muchas veces resulta siendo la historia de una familia, de una generación y de un tiempo o época. Y también es, de modo inevitable, la historia de una población, una ciudad o una región, porque no puede entenderse la vida humana, tanto individual como colectiva, al margen del escenario geográfico en que esta se desenvuelve.

El centro de esta historia novelada es Chimbo, esa bella y recoleta ciudad castellana enclavada entre los riscos andinos, pero no lejana a los calientes declives de la cordillera. Una ciudad que figura entre las primeras fundadas por los españoles en nuestro país ecuatoriano, y que por lo mismo disputa con el Puerto Viejo de Guayaquil y los dos Quitos, Santiago y San Francisco, el procerato de la hispanidad en el actual Ecuador.

Y Chimbo no desmerece esa primacía. Basta mirar su formidable trazo urbano, extendido entre pocas y largas calles rectas y tres amplias plazas, para apreciar su morfología castellana, embellecida por una arquitectura criolla, levantada a base de estructuras de madera y adobones de estilo árabe, adornada con graciosas ventanas y celosías y cubierta de tejas de tipo español. ¡Ah! Y no podemos olvidar su gastronomía, en la que se entrecruzan graciosamente los antiguos sabores del mundo indígena y los espléndidos platos de la también antigua cocina popular castellana.

Allí y en alguno de sus pueblos circundantes, que es precisamente el mío, Chapacoto, es donde se desenvuelve la trama de esta historia novelada, cuyos personajes son gentes perfectamente identificables, a las que el autor ha rodeado de luminosa fantasía para dar a su obra un viso de formalidad novelesca.

Porque, la verdad sea dicha, este libro no es estrictamente una novela, sino más que eso: es un vuelo intelectual que reconstruye desde la memoria el drama colectivo de todo un pueblo, pero viéndolo desde la vertiente de la fiesta y la alegría, de las palabras y las ideas, de los caracteres humanos y los conflictos vocacionales de la juventud.

Hallo que, técnicamente hablando, este libro es la suma de recuerdos de un niño que luego es adolescente, el que filma con ojos absortos, graba con oídos atentos y aprecia con aguda perspicacia todos los sucesos, palabras y conflictos de un pueblo mágico clavado entre montañas, una suerte de Macondo andino.

Así como la fotografía congela para siempre un instante del tiempo y lo vuelve eterno, así mismo la memoria de Jorge de la Torre ha capturado imaginativamente el tiempo de su infancia y juventud y lo ha eternizado en la literatura.

Jorge, el memorioso, es el personaje omnipresente de esta obra. Está aquí y allá, metido entre las gentes de su pueblo, pero no para hurgar sus pequeñas miserias y gestos cotidianos, sino para beberles las esencias, las ideas, las voces, las emociones, que el autor utiliza finalmente para construir este gran fresco de la vida del Chimbo de los cincuenta y sesenta, que aparece ante los sorprendidos ojos del lector como una pequeña comedia humana, en donde afloran todas las grandezas y banalidades de esa sociedad local.

Pareciera ser la recuperación de la memoria feliz de la infancia y adolescencia de un muchacho crecido entre amigos mayores y tíos bohemios. En cierto modo es la añoranza de un pasado gozoso que ya no volverá, pero también una recuperación mental de la imagen de los seres amados y de las gentes conocidas que dejaron huella en la historia de su tiempo y en el espíritu del memorioso. (O)

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