Miércoles, 25 Enero 2017 00:00 Columnistas

Jam-session de desobediencia y resistencia

Juan Montaño Escobar

Para el proceso de comunidades negras de las Américas, también de Ecuador, son tiempos de calenturas, es el calor crítico de las ideas, del café calientico y reflexivo para afilar la contundencia del axê, de la mente quemando por dentro y enfriándose al verbalizar razones, no es fiebre pasajera, es algo sencillo de describir como una revolución.

Sin cristales rotos y sin amenazas de daño físico a nadie. Miles vuelven a trabajar el lenguaje de las afirmaciones colectivas, de todo el liderazgo histórico negro que heredó lámparas para señalar caminos. Malcolm X descubrió para este cambio de época del siglo XXI la esencia de ese pensamiento: negro del campo. Él se fue a la primera fila: “Yo soy un negro del campo”. Y completó: “Las masas son negros (y negras, JME) del campo”, Malcolm X, vida y voz de un hombre negro, p. 158.

Las candidaturas afroecuatorianas a la próxima Asamblea Nacional están obligadas a ser aquello: cimarrones y cimarronas, sin importar el origen partidista. El maestro Juan García, en el libro escrito a cuatro manos con Catherine Walsh (una hermana de nuestro pueblo) y de próximo arrullo bundeao (lanzamiento, dicen en la intelectualidad de oficio), atestigua que entre sus mayores no escuchó la palabra ‘cimarrón’ para referirse a grupo de personas, esa es una elaboración política y cultural de estas nuevas generaciones. El negro del campo descrito por Malcolm X es el maroon del Caribe y es el cimarrón de Latinoamérica. “El cimarronaje pasa a ser una herramienta para repensarnos, para usar esa actividad de desobediencia y resistencia en el ahora”, Pensar sembrando/Sembrar pensando con el Abuelo Zenón, Juan García y Catherine Walsh, p. 122.

Estas candidaturas, aunque tienen la aprobación de la conducción política de sus partidos y movimientos políticos, no deberían confundirse, no tienen derecho ni permiso, ellas responden al proceso de las comunidades negras de Ecuador y, aplicando el internacionalismo cimarrón, de las Américas. Ellos y ellas serán ese grupito de asambleístas que las cifras buenas de la exclusión racial nos recuerdan con frecuencia. Sus actos políticos “jamás se desligarán de la actitud de desobediencia y resistencia contemporánea de la historia y la memoria colectiva”, escribe el maestro J. García. No la tendrán fácil, sin dudas, porque conciliar temas irreconciliables corresponde a la magia y no a la política.

En esta jam-session se propone ‘desobediencia’ y ‘resistencia’ como una liberación epistemológica, o sea de aprender, desaprender y reaprender. Y no tanto por las corbatas y los trajes que recomienda la asesoría de imagen, este jazzman se siente tentado a gritar: ¡Queremos asambleístas que se reinventen! Esos ancestros que les precedieron tenían ojos en la nuca para no perder de vista a las comunidades y sus batallas parlamentarias, o en otros escenarios fueron por su gente de allá abajo. Fueron radicales porque cumplían la misión de la raíz. (O)

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