Viernes, 15 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

"Indios y feos"

Pablo Salgado Jácome

“Y a mucha honra”, dicen algunos, los menos, ante las palabras de la venezolana que vende helados, inducida por un imberbe pretendiente de youtuber ecuatoriano. Y los otros, la mayoría, se desatan en una ola de insultos y agresiones xenófobas.

No es extraña esta reacción en redes sociales. Y en verdad no nos sorprende. Ya Miguel Donoso Pareja afirmaba, en 1997, que “Ecuador es un país esquizofrénico, partido, escindido mental y emocionalmente. Este concepto nos remite a la personalidad fragmentada de un individuo que, a causa de esta disfunción, puede llegar a la locura absoluta”. Como las redes sociales lo aguantan todo -está llena de estúpidos, nos decía Eco- las reacciones -tan violentas, en muchos casos- han permitido también -y aunque parezca contradictorio- generar espacios de reflexión en torno a la identidad, a la migración, a la movilidad humana.

El poeta y director de teatro Javier Cevallos Perugachi escribió: “Querido paisana y paisano: si eres de los que se ofendió en el alma por el video ese en que nos llaman feos e indios y respondes a la ‘ofensa’ con xenofobia... pues tengo que decirte que los argentinos también nos ven como indios, y los españoles, y los cubanos, y los gringos y los europeos... Has de saber que, en muchos casos, no lo dicen como ofensa, sino porque en verdad somos indígenas andinos, en un país mayoritariamente indígena, con un sustrato cultural potentemente indígena que atraviesa todos los aspectos de nuestra vida”. La convivencia no es fácil, ya sucedió con la ola de ciudadanos cubanos que llegaron al país; al principio, en el barrio La Florida, se generaron conflictos e incluso aparecieron frases pintadas en las paredes contra la presencia de cubanos. Pero ahora se adaptaron, y no solo que se convive sin conflictos, sino con alegría. La Florida se pobló de restaurantes, peluquerías y tiendas regentados por cubanos. Y  ya no es raro escuchar a las cubanas -con su acento caribeño- decir: “Hola veci”. Y sí es extraño ver a los cubanos intentar jugar al fútbol, ante la falta de una cancha de béisbol.

El músico francés Sven Fagot -con 20 años en Ecuador- nos decía en su muro: “El Ecuador que amo es diverso, mestizo, indígena, negro, multicultural. Cuando ya sea hora de irme, este es el país soñado que voy a llevar a mi próxima parada, lugar donde seguramente también habrá acusados y acusadores de fealdad”. Y añade: “Las palabras de la chica venezolana, lejos de alentar la cursi demagogia xenófoba, deberían servir para cuestionar la forma en que nosotros nos percibimos”.

Y sí, quizá ese es el camino, lo que nos vuelve a Donoso Pareja: “Ecuador es un país esquizofrénico. Si trasladamos el concepto al país se podría decir, sin duda, que los ecuatorianos tenemos una identidad esquizofrénica (esquizoide, por lo menos) o, siendo optimistas, esquizomaníaca”. Es cierto que en los últimos años hemos mejorado, significativamente, nuestra autoestima, nuestro sentido de pertenencia, pero -por las reacciones en este incidente- vemos que aún es insuficiente. Aún prevalecen los prejuicios y los estereotipos y, lo que es peor, aún seguimos mirando al norte y nos negamos a mirarnos y aceptarnos tal cual somos. Solo la mención de las palabras ‘indio’ o ‘longo’ nos vuelve -efectivamente- esquizofrénicos.

Por  ello, concluyamos  con el mismo Donoso Pareja, quien en ese año, 1997, -con esquizofrenia- ya nos advertía: “Lo grave es que así como la esquizofrenia conduce a las personas a la locura total, una identidad nacional esquizofrénica puede llevar a un país a su disolución, a desmoronarse, a caerse en pedazos. Detectado el mal, asumidas su existencia y sus causas, no luchar contra él es un suicidio”. (O)

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