Lunes, 24 Abril 2017 00:00 Columnistas

Historia de la Revolución Ciudadana

Juan J. Paz y Miño C.

Desde la perspectiva estrictamente académica, ¿cómo se estudiará a la Revolución Ciudadana bajo la presidencia de Rafael Correa?

Los investigadores conocen bien que se requerirá primero acopiar las fuentes y revisar todos los estudios existentes sobre el tema.

Una de las dificultades con las que habrá que lidiar es con la ausencia de fuentes primarias escritas y publicadas, porque el gobierno privilegió instrumentos electrónicos, internet, páginas web o documentales. En historia, esas fuentes corren el riesgo de perderse con el paso de las décadas y no quedan como testimonios. Las fuentes escritas y publicadas, en cambio, permanecen en archivos y bibliotecas.

También hay dificultades con fuentes primarias no gubernamentales, como las que provienen de los movimientos sociales o los partidos políticos, a menudo descuidadas en su mantenimiento y archivo. Paradójicamente, hay materiales escritos de las cámaras de la producción que suelen mantenerse incluso en bibliotecas universitarias.

Los periódicos de una década y las revistas de divulgación son fuentes a las que hay que seguir con mucho cuidado y atención, exigen una mirada muy crítica y una evaluación técnica rigurosa, porque sus informaciones, editoriales o notas de opinión tienen ángulos de visión sobre la realidad que llevan la carga de los intereses a los cuales han defendido y suelen ser subjetivos, bien sean medios privados o públicos.

Los estudios científicos se hallan en revistas académicas especializadas y en libros sujetos a consejos editoriales. Las hemerotecas virtuales de este tipo están restringidas a la vida universitaria. El seguimiento inicial que he realizado en las revistas indexadas permite concluir que no son numerosos los estudios existentes sobre la Revolución Ciudadana, aunque hay materiales muy interesantes e importantes.

La bibliografía que he levantado sobre la última década es significativa. Hay estudios económicos a los que necesariamente hay que acudir, como son los del Pnud, Banco Mundial y FMI, pero especialmente los de Cepal. En la bibliografía nacional predomina la óptica política. La mayoría desde posiciones anticorreístas, más que basadas en evaluaciones objetivas menos apasionadas.

Desde luego, también hay obras igualmente procorreístas. Y todos esos libros forman parte del material a tomar en cuenta para intentar un estudio de conjunto de la década de la Revolución Ciudadana, que se sustente en fuerte documentación, riguroso análisis empírico de datos, contrastación de opiniones y crítica permanente de lo que se dijo o se dejó de señalar.  

Una serie de categorías creadas en medio de las confrontaciones políticas merecerá la evaluación crítica. Particularmente ese rigor hay que emplearlo frente a los textos de conocidos autores marxistas, en los que con demasiada frecuencia predomina el verbalismo conceptual y la ideologización de la realidad.

Como se comprenderá, la historia de la última década bien puede llevar unos cuantos meses o años, si es que se quiere obrar con seriedad y superar los análisis de coyuntura, siempre cargados de emotividad. (O)

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