Miércoles, 28 Junio 2017 00:00 Columnistas

Hablemos de la familia

Padre Pedro Pierre

Hablar de la familia, ¿no será meterse en una camisa de 11 varas? La familia cambia, pero no pasará. El desafío es enfrentar estos cambios, encontrando criterios que nos ayuden a ir adelante. Varias cosas llaman la atención sobre cómo eran nuestras familias y cómo son ahora. Nuestras familias se insertaban en una comunidad geográfica que permitía estabilidad, relaciones cercanas y fuertes, solidaridad para muchas tareas comunes. Hoy los estudios y el trabajo hacen que la familia se disperse; por una parte encuentra más independencia, pero tiene que enfrentar la soledad y la debilidad.

Otra característica de nuestras familias era una gran dependencia de la religión, principalmente católica, con sus normas, prohibiciones y amenazas… Se insistía en el valor de la estabilidad matrimonial, la virginidad, la bendición eclesial… Hoy estamos lejos de estas realidades: las separaciones de parejas son numerosas, la contracepción se ha generalizado, las relaciones sexuales se dan a temprana edad… Las religiones se quedan sin voz cantante.

El otro gran cambio que se dio es en relación a la mujer. Se la había reducido al rol casero: su horizonte era la casa y la crianza de los hijos; los varones mandaban y se otorgaban toda clase de libertades. Los cambios han sido grandes y positivos para las mujeres: ahora controlan los nacimientos y la mayoría tiene su profesión fuera de la casa. Las mujeres se capacitaron en todos los campos y participan en todos los ámbitos de la vida profesional con responsabilidades sociales, culturales y políticas… ¡felizmente!

Con relación a nuestras familias de ayer, los peligros y las oportunidades son otros. Uno de los peligros actuales es el individualismo: permite independencia, libertad, iniciativa, pero también esconde ausencia de criterios y falta de discernimiento, pues es juntos que crecemos mejor. Otra dificultad actual es la violencia contra la mujer.

Antes, esta violencia no era visible: la sumisión de la mujer era casi total. Reinaban la autoridad y el machismo del varón, que reducía a la mujer al rol de sirvienta silenciada… ¿No será esta pérdida de dominio que crea tanta violencia de parte del varón, hasta femicidios? Los medios de comunicación han creado sus propios espacios de dominación: las telenovelas para las mujeres, la retransmisión de partidos de fútbol para los varones y el chatear para los jóvenes. Cuántas y cuántos se pierden con estos nuevos ídolos de los cuales se hacen adictos para la destrucción de las familias.

¿Dónde estarán los caminos de salida favorables a las familias? ¿El mayor no sería el de reconocer que las situaciones han cambiado y que no habrá marcha atrás? Los peligros a sortear podemos hacerlo juntos. Juntos como pareja apoyándose para salir adelante. Juntos, padres e hijos apostando por la amistad y el enriquecimiento mutuo. Juntas, familias de ayer y de hoy para transformar las debilidades en oportunidades, las experiencias en esperanza y las novedades en alternativas favorables. El futuro será lo que estamos haciendo ahora. (O)

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