Sábado, 15 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Hábitat y genes

César Paz-y-Miño

Los seres en general y los humanos en particular, podemos reducirnos a una interesante fórmula matemática que proporciona lógica a nuestro desempeño como organismos vivos. Lo que somos es la sumatoria de genes más ambiente (Físico=Genes+Ambiente).

Cualquier análisis del comportamiento humano pasará por tal fórmula. Se podría enfatizar solo en aspectos genéticos y aseverar que somos producto de los genes, que todo se reduce a biología molecular. Podría enfatizarse en lo ambiental y dar a los genes menor importancia. Y podría considerarse tanto a los genes como al ambiente en el desarrollo aportando porcentajes diferentes cada uno. En términos biológicos, las tres posiciones son correctas: hay enfermedades por falla de genes, por alteraciones ambientales y por fallas en la interacción de ambos. No existe característica humana que no esté determinada por la genética ni existe característica genética que no esté influenciada por el ambiente.

En el proceso de evolución de la materia, del cual somos producto los humanos, lo genético determina a lo físico y lo físico tendrá siempre influencia del ambiente. De hecho, la presión del ambiente generó la primacía de unos genes por sobre otros, dando lugar a individuos más aptos que otros. Los genes prevalecientes hacen de los humanos la especie más desarrollada y adaptada al medio.

De cazadores-recolectores pasamos a sedentarios, aprendimos a domesticar animales, desarrollamos la agricultura, conseguimos transformar el ambiente a nuestro capricho hasta modificarlo de tal manera que hoy sentimos fenómenos nunca antes vistos: calentamiento global, contaminación, desertificación, nuevas enfermedades, etc.

La presión del ambiente determina de alguna manera el comportamiento. Ambientes contaminados inducen a enfermedades, el hacinamiento provoca agresividad, la falta de servicios básicos provoca violencia social. Aunque cabe indicar que no tenemos genes de violencia o de agresividad, de egoísmo o de altruismo. Es la propia organización humana la que crea diferencias de hábitat que conducen a la desadaptación con el medio y a problemáticas sociales.

En términos evolutivos, los humanos somos gregarios y hemos aprendido a convivir, pero necesitamos cada vez más ambientes adecuados. Por un lado, las ciudades, la contaminación, el crecimiento desordenado nos presionan a que afloremos la ‘parte animal’ e inconsciente, por otro, la vuelta a la naturaleza, nuestro origen, responde a una necesidad de adaptación. En todo caso, el hábitat más armónico destacará mejores atributos genéticos, éticos, morales, intelectuales, equitativos, justos. (O)

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