Sábado, 18 Marzo 2017 00:00 Columnistas

Guillermo Lasso: ¿Ser presidente a cualquier precio? ¿Qué más quieren que les ofrezca?

Edmundo Vera Manzo

Guillermo Lasso tiene la aspiración caprichosa y egocéntrica, muy peligrosa para el pueblo ecuatoriano, de querer ser Presidente de la República a cualquier precio y para ello todo vale. Siendo miembro del Opus Dei, (el grupo más elitista del catolicismo), ha sido capaz de hacer pacto hasta con quienes fueron considerados como representantes del diablo y aceptar el respaldo del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), de la partidocracia más desprestigiada y recoger a expulsados y sepultureros de partidos y movimientos de la derecha y la izquierda ecuatoriana.

Los méritos de haber dirigido un banco triple A quedan vencidos y enterrados al convertirse en aspirante a la Presidencia de la República y líder de una mezcolanza de ingredientes indigestos y tóxicos (por ello no podemos decir que es una fanesca política) de lo más retrógrados del pasado del país. Su desesperación y miedo de perder las elecciones le lleva a utilizar todo el arsenal de la guerra sucia, (“el fin justifica los medios”), lo que le hace ofrecer “el oro y el moro” como vendedor de baratijas, cuentero y mago de circo y saca cualquier objeto de su sombrero y palabras, lo imaginable e inimaginable, en la demagogia, charlatanería y cuentería política. Solo falta que diga ¿qué más quieren que les ofrezca?, lo que falte, hagan una petición por escrito y como

León Febres Cordero en la base de Taura, “se la firmara” y después del 2 de abril, solo cumplirá el eliminar impuestos a los más ricos, que los mercaderes hagan lo que les dé la regalada gana con sus productos en el mercado, la creación de zonas francas sin cobrar impuestos a los empresarios y la privatización de la salud, educación y seguridad social. Respecto al millón de empleos, lo podrá cumplir como lo hacen sus coidearios de la derecha española Rajoy y su amigo Aznar: reducir los sueldos, pagar por hora a la décima parte, disminuir los tiempos de trabajo hasta 10 horas por semana o sea que para que alcance el trabajo al millón de ilusos, dar migajas a cada uno y de mala calidad.

Guillermo Lasso con su oculta exclusión, caridad y enriquecimiento a los más ricos, no ha logrado engañar al pueblo más consciente y agradecido del Ecuador, que cree en derechos y la justicia. Guillermo Lasso como el Nuevo Traje del Emperador, de Hans Christian Andersen, ha sido engañado y le han hecho creer que como dirigió un banco puede gobernar un país y ha quedado desnudo de cuerpo y alma, sin rubor ni pudor, mostrando lo que haría si llegara a ser presidente: No es más que un acólito fanático de la secta dogmática de la “libertad del mercado” controlada por los grandes comerciantes, con lo cual el país quedaría en ruinas y haría más ricos a los ricos.

Lasso no es el estadista que el Ecuador necesita para continuar la obra de Rafael Correa. Es un cambio, sí, pero de retroceso hacia las noches más oscuras y tenebrosas del pasado, del neoliberalismo salvaje, del feriado bancario que formó parte y que en su momento no lo repudió. Los estadistas no están obsesionados en las próximas elecciones sino en las futuras generaciones. En cambio, Lasso y los demagogos de su estirpe, solo les importa ganar las próximas elecciones a como dé lugar. Qué de bueno se puede pensar y creer de quien ha ofrecido prácticamente de todo: regalar la luz, gas, préstamos sin interés, eliminar impuestos a los ricos y un largo etcétera.

Como campeón de la demagogia para ilusos quedaron pequeños Velasco Ibarra, Febres Cordero, Bucaram Ortiz y Lucio Gutiérrez. Solamente se ha librado de ser ofrecido gratis el agua, por ser municipales y concesionadas a empresas privadas como Interagua.

A Lasso y sus cantos de sirena le siguen los traidores, renegados, arribistas, oportunistas y consumistas que se autoengañan, que quieren oír sus ilusas frustraciones. El pueblo consciente no se dejará engañar. (O)

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