'Gobiernos defectuosos'

- 19 de enero de 2017 - 00:00

Ecuador aparece en puesto 110 con una calificación de 32 puntos de 168 países de acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción (CPI,  Corruption Perceptions Index)  generado por Transparencia Internacional (TI)  en el mapa mundial 2015. No hay cambios en su posición ni calificación desde 2012 y este informe se genera desde 1995. Dinamarca, Finlandia y Suecia están en los tres primeros lugares con 91, 90 y 89 puntos, respectivamente. Este índice solamente mide el sector público de la corrupción y TI advierte que, siendo un tema muy escondido, es imposible medirlo directamente, por lo cual recurren a aproximaciones, de manera que es muy complejo medirlo en una sola métrica. Además, Estados con un récord limpio, de cualquier manera están ligados a un sistema de corrupción internacional.

Por esto debemos mirar este problema desde dos puntos de vista: uno es la gran economía global y la otra es la pequeña y de muy limitada capacidad de nuestros gobiernos tradicionales y de sus instituciones internacionales para gobernar y dar forma a esta economía. Hay una asimetría, la cual crea básicamente lo que podría llamar ‘gobiernos defectuosos’. No interesa cuán bueno sea el mandatario y su gobierno, de hecho está inmerso en un tipo de gobierno defectuoso en muchas áreas: corrupción es una, y otra es la destrucción del medio ambiente, así como el área de explotación del trabajo de las mujeres y los niños y en el área del cambio climático. En todas estas áreas necesitamos reintroducir el predominio de la política de Estado en la economía, la cual está operando en la arena mundial. No hay duda de que la corrupción y la lucha contra la corrupción y el impacto de la corrupción es una manera de darnos cuenta de qué es lo que significa un gobierno defectuoso.

Mi larga experiencia en el sector privado y mi pasantía (yo la llamo así, a pesar de que duró cinco años en total) como alto funcionario de Petroecuador desde 1988 y luego en 1997 me enseñaron que muchos de los peores proyectos sin un claro beneficio económico eran los que se realizaban primero. Rápidamente se armaba un consorcio de bancos y proveedores internacionales en una no muy sacra alianza para lograr la aprobación de dichos proyectos. Y eran las más grandes compañías internacionales de todo el mundo, la élite de los poderosos, que maquinaban paralelamente los tentáculos de la corrupción vía coimas.

Y es esta sistemática corrupción la causa de la miseria, pobreza, conflictos bélicos, violencia y desesperación del pueblo en todos estos países como el nuestro. ¿Por qué las naciones poderosas -Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra,  Japón, China y no muy lejos Brasil- y las instituciones internacionales, como el Banco Mundial y Naciones Unidas, no presentan una lucha frontal contra la corrupción? Pues parece que sus miembros consideran que está bien el uso de coimas para conseguir negocios. Los más grandes operadores industriales de Norteamérica, Europa y Asia usan sistemáticamente la coima como una herramienta de negociación. No todos, pero sí muchos. Y en algunos de estos grandes países, las coimas son permitidas abiertamente y sus fondos son deducibles de impuestos.

La malvada teoría detrás de esto es que, si no lo hacen, perderían los negocios en manos de sus competidores. Es un dilema ético que los tiene prisioneros en un círculo vicioso que hace imposible que una gran multinacional tome la decisión de parar este mortal y desastroso hábito de ‘recompensar’ a funcionarios por sus favores. Esto es lo que yo entiendo como el origen de un ‘gobierno defectuoso’ que se basa en un hábito corrupto globalizado y tolerado mundialmente. Tiene que ser el triángulo magnífico de la sociedad civil, la política pública y el sector privado el que nos enseñe un camino para salir de este dilema prisionero. Nuestro Gobierno ya está formalmente en esta lucha, y tenemos que continuarla. (O)

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