Gobernar y dialogar

| 17 de Julio de 2017 - 00:00

Este nuevo tiempo político está lleno de pasiones, y eso es política en todo sentido, siempre y cuando se guarde mesura. Erróneamente algunos, no necesariamente opositores al régimen, buscan una ‘toma de posición’ entre uno u otro líder. Eso, desde cualquier punto de vista ideológico y político, es absurdo, simplemente porque sería reducirlo todo a posiciones individuales y no reconocer el carácter histórico del proyecto político en marcha durante 10 años.

Sería no comprender el momento de inevitable inflexión y que cuando se habla de cambio de la sociedad, eso incluye a los militantes políticos. Claro que hay acciones en torno al diálogo que pueden ser oídas, vistas, sentidas como duras, no por el diálogo como tal, sino con quiénes se lo hace, pero desde un inicio se planteó que era fundamental dialogar ampliamente bajo la consigna superior de que sea en torno a los grandes intereses de la nación, más aún, cuando en la segunda vuelta el resultado fue de muchas maneras inesperado.

Esa relativa sorpresa exige un pragmatismo a la hora de gobernar, porque el país está atravesando un momento de recuperación lenta, gradual de su economía, y se requiere el mayor grado de estabilidad para salir de la recesión y continuar con un proyecto económico-social que tiene como objetivo erradicar la pobreza, mejorar la producción y la productividad nacional. Todo eso debe conducir a que el gobernar sea con estabilidad, con la mayor legitimidad posible, pero sobre todo entendiendo que son otros los líderes en la toma de decisiones. Así que se requiere mesura, escuchar y analizar mejor el escenario nacional y local. Otra cosa es que roces, normales en política, se deban ventilar casa adentro, porque si no, quienes ganan son aquellos que siguen soñando con el fin de este gobierno que inicia.

Son aquellos que a toda costa buscan el inicio de la ruptura democrática, logrando la caída del Vicepresidente. Es ese el flanco donde se han concentrado las fuerzas opositoras. Y en sus mayores sueños, aspirar a que todo el gobierno caiga. Recordemos cuántas veces llamaron a un gobierno de transición nacional, llamando a las Fuerzas Armadas a intervenir. La mejor estrategia para desmontar todos esos intentos antidemocráticos es precisamente dialogar. Sin duda que falta que esos diálogos tengan mayor visibilidad ante la opinión pública, que se conozcan los puntos generales de ellos para que no se generen innecesarias suspicacias. Pero hay que insistir que hay que comprender también lo doloroso que pueden ser ciertas escenas del diálogo con personajes poco deseables, pero ese es el precio de cumplir lo prometido.

La militancia del movimiento de gobierno debe aprovechar estas lecciones para conversar casa adentro, porque parece que les tomó por sorpresa el diálogo y de repente hay confusión. Bueno, ahora se verá la fortaleza ideológica y política, más allá del sensacionalismo, las valentías airadas, el radicalismo que dura un par de minutos en un par de posteos y memes en redes sociales.

El mejor camino es la lectura reflexiva, la acción coherente, tanto de la Constitución como del Programa de Gobierno ganador en las urnas y, por supuesto, la madurez como organización. Las pasiones, así como pueden llevar por el sendero de las transformaciones, también pueden llevar a la ceguera y al peor conservadurismo. Toda militancia se caracteriza por su fortaleza ideológica, por su posicionamiento político y una madurez disciplinaria. Todo lo demás es como la paja que se lleva el viento. (O)