Lunes, 17 Abril 2017 00:00 Columnistas

Gestión para equilibrar y reactivar la economía

Luis Rosero

Al finalizar el Gobierno, si bien hay grandes logros en construcción de infraestructura y avance en lo social, en lo económico hay desequilibrios y desajustes, en parte, explicables por shocks externos y políticas aplicadas, que influirán en las tendencias económicas y cumplimiento de las ofertas electorales. Uno de los retos del nuevo Gobierno es equilibrar la economía y sentar bases para la reactivación económica.

En varios artículos hemos señalado el complejo escenario económico que se hereda. De acuerdo al BCE en 2016: crecimiento -1.5%, saldo de balanza comercial 1.569’, subempleo 20%, empleo no pleno 25.1% y desempleo 6.5%. Hubo recesión (principalmente por caída de inversión), que contrajo al sector de la construcción y comercio, etc., débil equilibrio externo y deterioro del mercado laboral. Se suma un fuerte déficit fiscal (por alto gasto y caída de ingresos), problemas de liquidez de la caja fiscal, más endeudamiento público y escasa liquidez de la economía. Estos desequilibrios aumentaron el riesgo país.

Para obtener liquidez, financiar la inversión pública y mantener la actividad económica el Gobierno saliente aumentó la deuda. Dicha política, a su vez, presionó al déficit y afectó a la caja fiscal que se refleja en los atrasos a proveedores. Con mayor deuda creció su servicio (capital e intereses) y deja menos recursos para otros rubros. Con una deuda que llegó a su tope legal, habría menos margen de maniobra y requeriría de una reestructuración.

En lo externo, en 2016 hubo déficit comercial no petrolero (que ni las salvaguardias pudieron frenar). El superávit comercial petrolero cubrió dicho déficit y permitió superávit comercial global. En la coyuntura, a corto plazo, el precio del petróleo se mantendrá bajo, lo cual implicaría que dicho superávit será menor y con la eliminación, en junio, de las salvaguardias, habría una tendencia al déficit comercial que junto a otros saldos de Balanza de Pagos presionará sobre la liquidez de la economía. Urgiría incentivar exportaciones, con una agenda (productividad, costos, etc.), e inversión extranjera directa (IED) para generar más dólares. La IED no ingresaría si no mejora la economía y se fijen reglas claras.

Sobre la reactivación, dada la tendencia del precio del petróleo, no podría financiarse la inversión pública que ha dinamizado la economía. Por ello, hay que incentivar la inversión privada, las alianzas público-privadas, PYMES y economía popular y solidaria en base a una agenda, con compromisos bipartitos, con estos sectores. Este escenario y las expectativas empresariales cautelosas por el cambio de Gobierno frenarían la reactivación, por lo cual urge generar confianza y certidumbre.

El reto de la política económica, en corto y mediano plazo, es reequilibrar, ajustar y estabilizar la economía.  Para ello, es necesario un equipo económico capaz y responsable que aplique las medidas necesarias oportunamente, si no el escenario puede empeorar y llevar a un ajuste doloroso con mayor impacto social. Y las ofertas electorales esperaran. (O)

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