Geopolítica y la Ruta de la Seda

- 30 de mayo de 2017 - 00:00

Según la geopolítica, teoría de John Mackinder (1861-1947), en Eurasia, región que se extiende entre el Volga y el Yangtze y desde el Himalaya hasta el Ártico, con el 36,2% del área terrestre y el 72,5% de la población mundial, el poder terrestre es más importante que el marítimo. Llamó a esta zona el corazón del planeta, su Heartland.

Cuando en 1904 el transiberiano cubrió los 9.062 km de distancia entre Moscú y Vladivostok, Mackinder escribió: “Los ferrocarriles transcontinentales están ahora modificando las condiciones del poder terrestre… es inevitable que allí se desarrolle un gran mundo económico, más o menos aislado, que será inaccesible al comercio marítimo”.

Por otra parte, según Brzezinski: “La potencia que domine Eurasia controlará dos terceras partes de las regiones más desarrolladas y económicamente más productivas del mundo… volviendo al hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos con respecto al continente central del mundo”.

Desde fines de 2007, los alemanes y los rusos se unieron a los chinos para construir el Puente Terrestre Euroasiático, que une el Lejano Oriente con Europa. En 2014, China expuso el plan para trazar la línea de alta velocidad más larga del mundo, con un costo de $ 230.000 millones; se espera que tan solo en dos días los trenes recorran los 5.790 km entre Beijing y Moscú.

China, en lugar de conformar una armada aeroespacial, a lo estadounidense, ha formulado una variante globalizadora, a lo chino, para crear una red de líneas de alta velocidad, oleoductos y gasoductos, con un costo de $ 3 trillones, que unifique a Eurasia y la convierta en una vasta zona económica que integre Asia y Europa. Con este fin, el 15 de mayo se realizó en China el Foro Internacional sobre la Nueva Ruta de la Seda, megaproyecto que convertirá las redes ferroviarias nacionales en redes transcontinentales. Por allí viajarán productos que recorrerán los 9.191 km, desde Shanghái hasta Londres, en tan solo 15 días, menos de la mitad de los 40 días que se tarda en transportar estas mercancías en barco.

Para capitalizar tan asombroso crecimiento mundial, China creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, institución alternativa al Banco Mundial, controlado por Estados Unidos. Hasta ahora, a pesar de ser presionados para que no se le unieran, catorce países clave, incluidos aliados muy cercanos a Washington, como Gran Bretaña, Alemania, Australia y Corea del Sur, han firmado como socios fundadores.

Simultáneamente, para integrar económicamente el corazón del planeta, Beijing ha establecido relaciones comerciales, a largo plazo, con zonas ricas en recursos naturales de África, Australia y el Sudeste Asiático. China materializa la idea de Mackinder mediante el balance y la armonía de Confucio.

Por carecer de la visión geopolítica de Mackinder, los viejos mandatarios de EE.UU. no supieron entender a tiempo la importancia y el sentido del cambio global radical que tiene lugar en el Heartland.

Si China logra vincular sus emergentes industrias con los enormes recursos naturales de Eurasia, posiblemente entonces, como Mackinder predijo en 1904: “Un imperio de alcance mundial estaría a la vista”. Tal vez, esta sea una de las causas por las que ganó Trump. (O)