Viernes, 16 Junio 2017 00:00 Columnistas

François Houtart ha muerto

Ilitch Verduga Vélez

El 6 de junio del presente año, François Houtart rindió su tributo a la tierra, en Quito. Él había nacido en Bruselas en 1925, en el seno de una linajuda familia, cuya existencia se remonta al siglo XVI. Su abuelo fue el conde Henry Carton de Wiart, fundador de la democracia cristiana belga. Abrazó el sacerdocio, ordenándose como tal en 1949.

Por 32 años fue profesor de la Universidad de Lovaina, donde fundó el Centro Tricontinental (Citre), destinado a reflexionar la problemática del tercer mundo.  Publicó la revista de análisis sociopolítico Alternatives Sud. En su fructífera vida escribió más de 70 ensayos, trabajos de sociología, religión, política, economía, libros donde estableció ideas luminosas, solventando el pensamiento cristiano, a la luz de la doctrina marxista. La Teología de la Liberación tuvo en él a un fervoroso ideólogo, militante tenaz.

Durante los años 60 motivó, gestionó y coordinó una tarea fundamental por sus fines, extensión con acciones de severidad investigativa, sobre la situación de la Iglesia en Latinoamérica. La síntesis de este trabajo sustancial fue insumo del Concilio Vaticano II.

En 1978, cuando estudiaba en la Universidad Complutense de Madrid, el docente de la cátedra de Historia de las Ideas Políticas nos hablaba de un cura belga ‘rojo’, que había publicado un volumen que consideraba curioso, por ser pensado “para renacer la ideología comunista en España”, cuya reciente democracia trabajosamente surgía de las catacumbas del franquismo. Nos recomendó sus escritos, especialmente uno que causaba sensación en las capitales europeas, La Iglesia y la revolución. Pude leerlo, fue mi primer acercamiento a su monumental construcción de vida.

La voluntad, simpatía hacia nuestros pueblos era visible, su adhesión a la Revolución cubana, a su líder Fidel Castro, se mantuvo siempre. Fue un denodado impulsor del Foro Mundial de Porto Alegre. Postulado al premio Nobel de Paz, renunció a su candidatura por la persecución contra su persona, incoada en 2010. Ecuador fue beneficiario de su talento e ilustración. El Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) lo nombró profesor investigador de excelencia, creó la cátedra Investigación de la economía popular y solidaria. Aquí, en nuestra patria, donde vivió sus últimos años, incrementó su vasta producción sobre las ciencias sociales. En este año, 2017, preparaba el lanzamiento de sus memorias, la parca traidora lo impidió.

Su existencia, su obra, no pertenecen al tipo de intelectual de palabra hueca. La profundidad de sus juicios, conclusiones, principios, corresponde al individuo que dice, escribe, actúa en forma leal a lo largo de su vida, que se expresa en magníficos bloques de frases, con el saber de la condición humana, la solidaridad con los necesitados, convencido de su accionar como sacerdote, porque es obligación cristiana que los pobres mejoren su situación económica-cultural.

El estudio de su pensamiento seguirá regalándonos lecciones de sapiencia, de amor por el ser humano. Desde ahora, repasar las líneas de sus libros, sin pensar siquiera en su figura de apóstol, será la fuerza comunicadora, con todo su noble delirio por lo humano, la que ilumine caminos, sin veleidades del que busca reconocimiento para conseguir la estatua. Por ello debemos reñir a los ángeles protervos que nos quitaron tan sabia vida. (O)

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