Martes, 13 Junio 2017 00:00 Columnistas

François Houtart, extraordinario ser humano (I)

Gustavo Pérez Ramírez

Inmenso el dolor por la muerte de este gran ser humano que fue François Houtart, la madrugada del 6 de junio. Fue sorpresivo, pues si bien ya había cumplido 92 años,  su gran energía, fortaleza física y moral e infatigable laboriosidad, que lo caracterizaron, auguraban que superaría los 100 años, recorriendo el mundo al servicio de las grandes causas humanitarias, como lo venía haciendo.

La fundación Pueblo Indio, donde residía, ha informado que la víspera “cenó como de costumbre y se fue a dormir... claro que en su habitación siguió trabajando... no sabemos hasta qué hora... porque hasta las once de la noche aún recibimos sus e-mails. Al amanecer, se ha levantado para ir a la ducha y las fuerzas le faltaron... Se sentó en su sillón relax y con su mano en el corazón se durmió plácidamente, sin ruido, muy calladito. Y con infarto masivo... a las siete y media de la mañana... se despertó en Dios”.

Deja un gran vacío, que alivia la fe en el Ser Supremo, al que François consagró su vida en el ministerio sacerdotal. Resuenan en mi mente sus propias palabras sobre el sentido cristiano de la muerte, pronunciadas en la misa de difuntos que presidió hace poco en la fundación Pueblo Indio por la muerte de uno de sus sobrinos.

Más que un amigo, fue para mí un hermano y consejero. Tuve el privilegio de conocerlo en octubre de 1954, cuando, con otro entrañable amigo, Camilo Torres Restrepo, nos inscribimos en la Universidad Católica de Lovaina, donde François preparaba su doctorado en Ciencias Políticas y Sociales. Él guió  nuestros primeros pasos por la vida académica, amén de relacionarnos con el contexto social y los principales movimientos sociales: sindicalismo cristiano, Juventud Obrera Católica, el Boerenbond o movimiento campesino. Lo hizo hasta que viajó a Chicago a especializarse en sociología, pero nos fuimos reencontrando a través de los años hasta su llegada a Ecuador.

Terminado mi doctorado, de regreso en Colombia, François me vinculó a su trabajo en América Latina, cuando se iniciaba como uno de los expertos del Concilio Vaticano II, 1962-1965, y había recibido del  obispo progresista brasileño Dom Hélder Câmera, presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), el encargo de hacer una amplia investigación sociológica sobre la situación de la Iglesia en América Latina, en su calidad de Secretario General de la Federación Internacional de Institutos de investigaciones socio-religiosas (Feres). François me vinculó, nombrándome Secretario para América Latina. Se generaron 43 publicaciones, cuya síntesis preparó para distribución a los Padres Conciliares.

Nuestros contactos siguieron intermitentes a partir de 1972, aunque con encuentros frecuentes hasta nuestro reencuentro en Quito en 2003, cuando conformamos un grupo de pensamiento alternativo, con reuniones quincenales, siempre que François estaba de regreso de sus frecuentes viajes por el mundo.

En mi próximo artículo haré algunas consideraciones sobre su legado paradigmático. (O)

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