Jueves, 15 Junio 2017 00:00 Columnistas

Fiestas del Ecuador profundo

Juan Carlos Morales. Escritor y periodista ecuatoriano

Las festividades del solsticio -que se llaman sanjuanes, jatunpunchas y últimamente intiraymis- muestran a un país agrario en todo su esplendor. Ese Ecuador profundo, lamentablemente, aún no es conocido por quienes viven en las ciudades y, hay que decirlo, todavía existe un racismo soslayado al tratarse del mundo andino.

Por lo demás, no son fiestas exclusivas de una etnia, en este caso los indígenas, porque también participan los llamados mestizos (una muestra son las celebraciones en Cayambe y Tabacundo). Como toda celebración, existen elementos importantes, como la entrada de rama, los priostes, la chicha, la música y las coplas o la abundante gastronomía. Hay variaciones a lo largo de la serranía ecuatoriana.

Como parte de la cultura popular tiene muchas interpretaciones, Luis Enrique Cachiguango, en Aya-Uma: un símbolo de la cultura indígena, señala: “La tarde del 28 de junio (vísperas de San Pedro), aproximadamente desde las 16:00, en todas las casas quemamos y hacemos humo para que el San Juan Aya (la fuerza espiritual de la fiesta de San Juan) retorne a la normalidad y vuelva el equilibrio sobre la tierra. Con el fuego y el humo purificamos la casa. Tenemos que alejar a todas las cosas malas que nos hayan ocurrido en el año y disponernos para otro año más de crianza de la chacra”.

Carlos Coba Andrade, en Persistencias etnoculturales en la fiesta de San Juan en Otavalo, IOA, también concuerda: “El fuego es un elemento purificador y germinador de la tierra, bajo la acción incubadora del calor aparecen los primeros organismos en una larga cadena de fuerza germinativa, desde los especímenes primarios hasta el mismo hombre. En las persistencias etnoculturales encontramos al fuego como un ingrediente vivificador y purificador, por eso se quema la zarapanga (hoja seca de maíz), se prende la sarta, las camaretas, los ‘papatruenos’, los petardos y voladores (fuego de artificio); además, el calor del sol abriga la tierra y se crea el principio germinativo de vida continua”.

Pero no solamente el fuego está presente, otro elemento fundamental es el agua. Porque se trata, en definitiva, de una renovación del ciclo agrario para que la tierra vuelva a nacer.

En el caso de la Sierra norte, el culto al maíz está presente desde los tiempos preincásicos, como señala Coba Andrade: “Este, el maíz, es otro elemento persistente en la festividad de San Juan, conjuntamente con la chicha, los cuales tienen connotaciones rituales y de sacralización. Estas creencias tienen su origen en las culturas preincaicas de la Sierra norte”.

Waldemar Espinosa Soriano, en Los Cayambes y Carangues: Siglos XV-XVI. El Testimonio de la Etnohistoria, indica que existían “unas figurinas conocidas como conopas o amuletos en piedra, a las que se les atribuía poderes mágicos para la proliferación del maíz. Carangue, tierra fructífera en sembríos de maíz, sus cosechas eran abundantes”.

Hernán Jaramillo Cisneros señala: “Es la festividad más… tiempo en el que finaliza el año agrícola con la cosecha del maíz”. (O)

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