Sábado, 22 Abril 2017 00:00 Columnistas

Extender las manos, pero no a todos

Oswaldo Ávila Figueroa, ex docente universitario

Extender las manos a todos, revela atender, compartir y dialogar, sin excepción alguna, en su condición de gobernante, dirigente social, político o familiar, en la búsqueda de soluciones a los problemas cotidianos. En el caso del presidente electo, Lenín Moreno, es el reflejo de un líder de alma noble, de sentimientos humanitarios y solidaridad, con una visión de país y de sus problemas, decidido a escuchar y ceder posiciones, en procura, mediante consenso, de encontrar el camino que nos lleve a la prosperidad del país, en beneficio de todos los ecuatorianos.

Promueve el diálogo, como recurso de reflexión y tolerancia, propio de seres humanos inteligentes, para superar diferencias sin renunciar a sus principios ideológicos y lograr, con suficientes elementos de juicio, acuerdos justos y satisfactorios entre las partes. No cabe la menor duda de que el diálogo es la mejor opción para ampliar la visión de los problemas que azotan a un país y enseñar a los protagonistas a reconocer aciertos y errores y proceder, en los casos que se requiere, a la respectiva enmienda. Se aclara que conversar e intercambiar ideas entre rivales de ninguna manera implica claudicación o sometimiento.

En un paréntesis de su mandato, el presidente Rafael Correa Delgado formuló un democrático llamado a la concertación a sectores equivocados, de empresarios, trabajadores, grupos ancestrales y campesinos para en conjunto elaborar tesis y programas en beneficio del país, sin renunciar a su ubicación partidista. No se obtuvo respuesta, lo que prueba que con ciertos dirigentes de la oposición ni siquiera vale la pena conversar. No es posible extenderle la mano a los pocos dirigentes que sobreviven de la ex-MPD y a los Gutiérrez de la SP, indignados y cargados de odio contra el régimen del Buen Vivir, simplemente porque perdieron sus privilegios y sin esperanza de recuperarlos.

Mirarlos repugna, peor darle la mano a los traidores, carentes de principios y enanos de espíritu, que buscan poder y fortuna mediante la mentira, el adulo y el chantaje. En la reciente historia se han registrado casos de dirigentes políticos de conducta desleal que pactan con el diablo y deambulan de derecha a izquierda para hacer realidad sus ambiciones. No hace falta proporcionar nombres; si ya tienen su galería, estigmatizados con el desprecio ciudadano por el resto de su vida.

No cabe ni siquiera darle un dedo a los articulistas frustrados y violentos que, alejados de su misión, azuzan a los contrarios a salir a las calles a protestar contra el régimen del cambio, y ahora, con el cuento de los votos, proclamar al disimulo ganador al derrotado banquero. En el fondo, solo les interesa armar la bronca. Allí insiste en las absurdas demandas, un terco y rabioso que utiliza el grito y la amenaza para alcanzar el cetro presidencial.

Aun así, el binomio triunfador Lenín Moreno-Jorge Glas abrió y mantiene abiertas las puertas para escuchar planteamientos y analizar diferencias en la búsqueda de soluciones a los problemas, todavía no resueltos definitivamente. La mano de Lenín se extiende en su amplitud para los jóvenes, ávidos por contribuir con su aporte a continuar la obra del Buen Vivir y también a jóvenes equivocados, listos a enmendar yerros y convertirse en aliados de la Revolución Ciudadana.

A los jóvenes de hoy les corresponde tomar el relevo para la construcción de la patria socialista siglo XXI o nueva sociedad justa y solidaria, pero, para ello, es indispensable y urgente entrenar a las nuevas generaciones para su eficiente y cívico desempeño donde la patria las ubique. (O)

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