Evtushenko y Guayaquil

- 15 de abril de 2017 - 00:00

“Cae la nieve, cae la nieve/ como caía en los tiempos/ de Pushkin, de Chejov,/ como caerá cuando muera”- El poema, traducido por Rafael Alberti y María Teresa León, no se cumplió al partir definitivamente su autor, Evgueni Evtushenko, quien se marchó en abril, al comenzar la primavera, cuando anhelaba cumplir 100 años para realizar todo lo que le faltaba por hacer. Ello pese a ser autor de 20 poemarios, dos novelas cortas y tres libros de ensayo, además de ser cineasta y docente.

Nacido en Siberia en 1932, fue junto a Andrei Vosnesenski, Robert Rozhdésvienski y Bela Ajmadúlina, la cara fresca de la intelectualidad soviética al iniciarse el ‘deshielo’ en los años 60. En la tradición de Maiacovski y Esenin, convocaban masas para leer sus poemas. Fue el miembro más joven de la Unión de Escritores de la URSS y diputado del  Soviet Supremo. A raíz de la disolución de su país, se estableció en Oklahoma, EE.UU., donde ejerció la docencia universitaria, alternando su vida con visitas a su tierra natal. Miembro de muchas academias en varios países, sus obras se tradujeron a 70 lenguas. Consideraba el mejor homenaje, la designación con su nombre del planeta menor 4243 Evtushenko, descubierto por astrónomos de Crimea.

Visitó América Latina hasta el 2016. Hablaba español y tradujo a poetas sudamericanos. En 1970, la URSS organizó un homenaje mundial a Lenín al cumplirse el primer centenario de su nacimiento. Envió a escritores y músicos como embajadores de un país hasta entonces demonizado en el clima de la guerra fría. En tales circunstancias visitó Guayaquil y aquí participó en debates, dio un recital, escribió un poema y caminó por el barrio Las Peñas.

Poco antes se había constituido el ICES (Instituto Cultural  Ecuatoriano-Soviético), presidido por el Ab. Luis Riofrío e integrado por personalidades de la cultura, entre ellas Alba Calderón, actuando en  la secretaría quien suscribe. Artistas e intelectuales de variada posición colaboraron en recitales, programas radiales, conciertos, exposiciones. La llegada del poeta, ya famoso entonces, despertó gran interés y el recital en un abarrotado teatro 9 de Octubre, convocó a cientos de espectadores que aplaudieron su poesía expresada en la cadencia de su lengua natal y recitada en español por Antonio Santos. Se alojó en el antiguo hotel Humboldt y visitó la casa de Enrique Gil y Alba Calderón en Las Peñas, donde leyó un poema en homenaje a los trabajadores del aseo de calles de la ciudad, cuyo sindicato lo declaró miembro de honor.

Participó en un debate con un abogado de la ciudad en el Canal 4, por  invitación de su propietario que, ante el impacto de su visita, quiso mostrar en el encuentro las diferencias entre las concepciones del soviético y las del político local derechista. Ello hizo más popular al siberiano alto y fuerte, que hablaba con fluidez nuestro idioma.

Su deseo final fue ser devuelto a Rusia para el eterno descanso. Quizás para obtener lo que anhelaba: “Nadie vive eternamente/ pero tengo una esperanza:/ si Rusia vive, es decir,/ que yo también viviré”. Que así sea. (O)