Miércoles, 29 Marzo 2017 00:00 Columnistas

Estas venas atestadas de abuelas (II)

Juan Montaño Escobar

Pensar con cabeza propia es una recomendación proveniente del fondo de la historia del pueblo de origen africano, porque de no hacerlo apenas se balbucean ideas ajenas sobre sí mismo o se completan retratos estereotipados. O se repiten falsedades para darle grandeza a la bajeza de aquellos próceres cuyos nombres gobiernan la memoria urbana. Hablar con voz propia es resultado del pensamiento crítico colectivo o individual. Y la pedagogía de la Abuela Débora y del Abuelo Zenón, vigente aún, tiene ese propósito. Es de la comunidad de abuelas y abuelos que nos viene ese mandato para filosofar sobre nuestras andaduras y las buenaventuras de los recorridos y así hacer de nuestra estadía en los territorios de la costa pacífica colombo-ecuatoriana algo más, mucho más, que una presencia silente o una ciudadanía teórica (o hipotética, dirían hermanos más radicales).

Este jazzman está de acuerdo con aplicar en la actividad política comunitaria (y también desde aquella) el pensar crítico afroecuatoriano, para “expresar nuestra incomodidad con lo que nos rodea, con lo establecido, con lo permitido”, se cita a Vilma Almendra, escrito en Una mirada del pensamiento crítico desde el hacer comunitario, texto de ‘Pensamiento crítico, cosmovisiones y epistemologías otras para enfrentar la guerra capitalista…’, cátedra interinstitucional, Universidad de Guadalajara, 2017, p. 61.

Valga la paráfrasis: sin pensamiento crítico no hay razón crítica emancipatoria para los grupos oprimidos. Y en las comunidades negras, de la costa pacífica y de tierra adentro, la soltura libre de la palabra ha sido y es consustancial con el ejercicio de sus derechos humanos. También por tradición oral y porque la palabra es fuerza.

El fin de la palabra nombra cierta originalidad dentro de una diversidad cultural, distingue el punto de vista de la territorialidad como física de maravillas y biofísica de sabiduría. El maestro Juan García hace referencia al apelativo de ‘Provincia Verde’ endosado a la parte norte de Ecuador, por quienes “nos miran desde afuera, pero sin vernos”, Pensar sembrando/Sembrar pensando, Juan García y Catherine Walsh, p. 89. El apremio de los elogios disimula la injusticia social y el desconocimiento de nuestras realidades comunitarias. La intensidad de la zalamería del poder político institucional es inversamente proporcional al efectivo desempeño intercultural. Un caldo de piedras para ser comido con cuchara de mate.

“(…) el verde de Esmeraldas es el resultado de unas filosofías, el producto de unas doctrinas, la suma de un conjunto de prácticas culturales que se cumplen, se obedecen y se respetan por ser antiguos mandatos de los ancestros…”, p. 90. Ese ‘verde’ tiene contenido político (empobrecimiento por desposesión), histórico, económico, espiritual-religioso y cultural. Y hasta psicológico si nos ponemos fanonianos (por F. Fanon): ese rico verdor es la ruina, además explicada desde el racismo. (O)

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Martes, 28 Marzo 2017 20:11

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