Estas venas atestadas de abuelas (I)

| 08 de Marzo de 2017 - 00:00

Esta jam-session pretende ser un tributo a Débora Nazareno, abuela materna del maestro Juan García Salazar. Y por ella a todas las abuelas del pueblo de origen africano (afrodescendencia) del Ecuador. Ellas tuvieron (y tienen aún) sus 8 de marzo sin fin en plan de cimarronas. Fueron ellas y con ellas el Abuelo Zenón quienes mandaron a desaprender y reaprender para continuar el aprender y así explicar nuestras realidades, pero desde nuestra orilla.

¡Qué cantidad de verbos en tan poco espacio! Todos son transitivos, el sujeto son las comunidades afroecuatorianas de nuestro país y del otro lado de la raya (Colombia), el complemento directo es el contenido filosófico; así se completa la oración simple. Ahora en este ‘reaprender’ entendemos mejor la historicidad versificada de Antonio Preciado: “Por eso cuando vine aquella noche gritando mi llegada, traía el corazón comprometido, atestados de abuelos (cursivas JME), trabajadores arduos, impalpables, profundos...”

‘Desaprender’ y ‘reaprender’ son coordenadas filosóficas de pensamiento crítico afroecuatoriano. Y por estos días nos llega el libro de inevitable lectura, compilado (se niegan a decir autores, por respeto a la santa palabra de esas y esos incontables Abuelas y Abuelos) por Juan García y Catherine Walsh. Como diría Enrique Dussel, la filosofía sostiene principios vitales, el principal de este byblon es el estar bien colectivo (o Ubuntu, recreado en esta costa pacífica colombo-ecuatoriana). El desafío intelectual a desaprender comienza por el título: Pensar sembrando/sembrar pensando. Fue auspiciado por la Universidad Andina Simón Bolívar y editado por Abya-Yala, 2017.

El libro cumple con el mandato de los Ancestros de “dar tierra a ancianos y ancianas para heredar saberes y secretos que ellos y ellas guardan en sus memorias”. Ese y otros mitos, en términos dusselianos, son el gran instrumento de la filosofía del norte de la provincia de Esmeraldas. Las ánimas solas, siguiendo con la mitología, serían abuelos y abuelas que no pudieron heredar saberes y secretos y “no quieren llevárselos a la tierra como bienes que no tienen dueño”. Débora Nazareno, descendiente de antiguos esclavizados de Playa de Oro, guardiana de la tradición y el Abuelo Zenón cumplieron con esa pedagogía de la liberación epistemológica del nieto, para significar “aquello que somos como Pueblo Negro”.

Los Ancestros pensaron y sembraron el territorio desde la consideración físico-química y geométrica (espacial) hasta el conocimiento de las leyes de la naturaleza para entenderlo como fundamento del estar bien colectivo. Ahí sembraron personajes (el bambero, la tunda), uso cuidadoso de las aguas, lecturas de los secretos del monte, el valor de las semillas y más. Nuestras abuelas y abuelos decían que la cabeza equivalía a lo divino, donde se producen saberes y secretos de ciencias (o sea al orum, según la religiosidad de origen yoruba) y el cuerpo a lo terrenal o humano (o ayê). (O)