Domingo, 25 Junio 2017 00:00 Columnistas

En Honduras la oposición logra la unidad

Javier Calderón Castillo. Investigador Celag

El mediático presentador de televisión Salvador Nasralla, fundador del Partido Anticorrupción, fue investido como el candidato presidencial de la oposición hondureña. En su aspiración de gobierno estará acompañado por Xiomara Castro, del Partido Libre, y por Guillermo Valle, del Partido Innovación y Unidad-PINU, una fórmula de diversas tendencias políticas que tienen como rasgo identitario la confrontación en contra del gobierno neoliberal del Partido Nacional.

Con esta alianza opositora se abren las posibilidades –reales– para competir contra el actual presidente Juan Orlando Hernández, quien cuenta con el privilegio del cargo y la maquinaria clientelista de la política tradicional, al tiempo que entrarán en la disputa por los cargos públicos en todos los niveles de gobierno dispuestos en las elecciones generales de diputados, alcaldes y regidores.

Los diez partidos y coaliciones que competirán en las elecciones generales del 26 de noviembre inscribieron cerca de 30.000 candidaturas para optar por 2.934 cargos de elección popular. Además de presidente y vicepresidente, los hondureños elegirán 256 diputados al congreso nacional (principales y suplentes), 298 alcaldías, 298 vicealcaldías, 2.092 regidores, 40 parlamentarios centroamericanos (principales y suplentes).

Las formaciones políticas que competirán en el proceso electoral se agruparon en los tradicionales Partido Nacional y Partido Liberal, los partidos Unificación Democrática, Alianza Patriótica Hondureña, Partido Va Movimiento Democrático, Partido Demócrata Cristiano, el Frente Amplio, y los opositores Partido Libertad y Reconstrucción-Libre, el Partido Innovación y Unidad, y el Partido Anticorrupción.

A partir del 10 de junio, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) está revisando la legalidad en la inscripción de las candidaturas que no participaron en las elecciones primarias del mes de marzo (7 partidos). Durante lo que resta de junio y el mes de julio, el TSE desarrollará todo el proceso institucional de inscripción, registro, recepción de objeciones y definición de las nóminas de candidatos para dar por iniciada la campaña formalmente el próximo 28 de agosto.

Los desafíos del espacio de oposición: el nuevo armado electoral, Unidos en Alianza Hasta la Victoria, liderado de forma tripartita por Nasralla, Xiomara y Valle, constituye un avance significativo para Honduras y para la organización de la oposición con miras a lograr la recuperación del gobierno luego del golpe de 2009, superando la dispersión de las elecciones de 2013 en las cuales las distintas facciones opositoras participaron por separado, lo cual les impidió derrotar al proyecto de derecha y neoliberal del Partido Nacional. Con esta decisión de unidad, se terminaron los días de holgura para el actual presidente, pues tendrá que defender su pésima gestión gubernamental ante una coalición opositora renovada y forjadora del nuevo escenario de disputa electoral luego de las elecciones primarias de marzo, donde el Partido Nacional obtuvo un triunfo que parecía definitivo de cara a las elecciones generales del 26 de noviembre próximo.

La Alianza opositora constituye una propuesta electoral que reúne una base política más amplia, establecida bajo un programa que promete centrar el debate sobre los profundos problemas sociales y económicos del país centroamericano, ligados a la concentración de la tierra, la primarización de la economía y la precarización laboral; aunque tendrán que enfrentar, además de la maquinaria conservadora del actual presidente, el escepticismo de un importante sector de la sociedad golpeado por el modelo represivo -que sostiene a los gobiernos después del golpe-, y por el neoliberalismo asfixiante que está depredando el trabajo y el medio ambiente hondureño.

Deberá ofrecer una propuesta convincente de renovación de la política, pues esta esfera pública y los partidos políticos están desprestigiados por la profunda corrupción que carcome al débil Estado hondureño, como lo confirman algunas instituciones multilaterales, como la ONU. La Alianza opositora se obligará a enfrentar con transparencia, pero sin ingenuidad, el proceso electoral, pues es parte del entramado de compra-venta de favores con recursos estatales que constituyen uno de los principales obstáculos para que proyectos de cambio lleguen a gobernar. La Alianza Nasralla, Castro y Valle, tendrá que renovar la confianza en el cambio de amplios sectores sociales para obtener su voto, y tendrá que defender los escrutinios de las estrategias de fraude que están listas para arrebatar las posibilidades de triunfo de la voluntad popular.

Los efectos de la constitución de la Alianza opositora no se han hecho esperar. El Partido Anticorrupción-PAC no respaldó unánimemente la decisión de su carismático y mediático dirigente, Salvador Nasralla, de representar una coalición más amplía. Marlene Alvarenga, actual presidenta del PAC, se mostró abiertamente en contra del candidato presidencial de la oposición, quedándose con la personería del partido e impidiendo que Nasralla influyera en las conformaciones de las nóminas a diputados o regidores. (O)

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