En homenaje a Jorge Eliécer Gaitán

- 04 de abril de 2017 - 00:00

Más que elogios al gran hombre y líder político colombiano, el homenaje que  se merece Jorge Eliécer Gaitán, a la vez científico y especialista forense de fama mundial, es que se estudie su pensamiento, estrategia política y sus propósitos de restauración moral y democrática de la República.  

Gracias a su hija Gloria Gaitán, intelectual e infatigable investigadora (no simplemente “la hija de Gaitán”), por sus propios esfuerzos disponemos hoy de un cuerpo científico de doctrina coherente de su padre, que contiene los valores culturales requeridos para conformar una democracia participativa directa.

“Su accionar político demostró que es la cultura la que  ordena y manda en la conducta de toda sociedad, constituyéndose, por tanto, en eje fundamental de los cambios sociales… y que, por lo tanto, es necesario inculcar sentimientos que hagan de la cultura una fuerza motriz para la acción”, lo destaca Gloria en el reciente libro Cambios de las Culturas, Ingeniería Cultural y Pedagogía, cuyo editor es François Houtart.

Al cumplirse este 9 de abril 69 años del magnicidio perpetrado dentro del contexto del genocidio contra un pueblo, al que había empoderado y estaba por llegar al poder para establecer una auténtica democracia participativa, sugiero que en su homenaje intelectuales, políticos y la juventud inicien el estudio de Gaitán, “con el mismo entusiasmo y detenimiento con que han estudiado a Marx, a  Lenin, a Gramsci, etc.”, como lo desea Gloria, insistiendo en que su padre diseñó una doctrina científica, visionaria que, por eso mismo, es hoy contemporánea y muy útil, no solo para Colombia, sino también para toda nuestra Indoamérica.

Por lo pronto, hay una tarea urgente, en vías de ejecución bajo el liderato de Gloria y sus hijas, que consiste en  eliminar las telarañas del olvido impuesto a su memoria, y pedir acción jurídica contra las  tergiversaciones y abusos, como los del temible grupo criminal, conocido como Clan de los Urabeños y Clan Úsuga, que también se autodenomina Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Por iniciativa del presidente Santos, se debe llamar Clan del Golfo, porque afecta la imagen de la región de Urabá, en el norte del país, donde la banda criminal tiene mayor presencia. Animada por esta decisión, la familia Úsaga recurrió al mandatario para que tampoco se utilice el apellido del líder Darío Antonio Úsuga David, alias Otoniel, ni por el gobierno ni los medios, para evitar estigmatizar el apellido Úsuga.

Asimismo, Gloria Gaitán le ha pedido al presidente Santos, a los medios de comunicación, a las redes sociales y a la Comisión Intereclesial, que no se hagan eco del apelativo herético de ‘gaitanistas’ para nombrar a estos criminales. Es una infamia contra un pueblo transformado en luchador, que en 1947 estuvo a punto de llegar al poder, bajo el lema: ‘Los centavos del pueblo derrotarán las chequeras de la oligarquía’.

El legado intelectual de Gaitán puede encaminar al pueblo hacia su organización para un cambio de sistema que haga de Colombia una sociedad justa y equitativa. (O)