Sábado, 30 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

Columnista invitado

Emerge trumpismo en Alemania: nacionalismo económico 'populista'

Alfredo Jalife

La trascendental elección en Alemania -principal superpotencia geoeconómica de la Unión Europea (UE), a la par del PIB de Rusia que en cualquier momento la puede rebasar con el incremento del precio de los hidrocarburos y su divisa, el rublo- refleja el fracking geopolítico y económico de un continente que se encuentra en ascuas debido al ataque furtivo que le propina EE.UU. con el fin de impedir su acercamiento a Rusia y China y que es simultáneamente desestabilizado por el megaespeculador George Soros, según graves acusaciones del primer ministro derechista de Hungría, Viktor Orbán, quien lo inculpa de propiciar el masivo flujo de migrantes con el fin de islamizar a la UE (https://goo.gl/1Bx6M2).

La verdadera noticia no es que haya irrumpido como tercera fuerza en el fracturado espectro político el reciente partido Alternative Fuer Deutschland, Alternativa para Alemania (AfC), sino que se posicionó como segunda fuerza en Alemania del Este, de donde es oriunda la canciller Ángela Merkel, quien ya empieza a vivir su hora de declive. Otra lectura en común de varias elecciones en la UE es que las izquierdas travestis -tildadas de socialdemócratas, como el Partido Socialdemócrata de Alemania (SDP) alemán y el Partido Socialista francés se desvanecen debido a su concupiscencia incestuosa con el repudiado neoliberalismo global-, mientras las izquierdas verdaderas, tipo Jeremy Corbyn en Gran Bretaña y Jean-Luc Mélenchon en Francia, descuelgan suculentos porcentajes en las urnas.

Queda claro que, al menos en la UE, asciende el nacionalismo económico populista, como el Brexit y el AfD en Alemania, sin contar el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, no se diga su equivalente trumpiano en EE.UU. Si el AfD obtuvo el impresionante 12,6% del voto total en su primer ensayo electoral, con 94 diputados en el Bundestag (Cámara baja del Parlamento alemán), descolgó un todavía más impactante 22% en su parte oriental. Sin duda el factor xenofóbico antimigrante (un millón de refugiados) jugó un papel decisivo, pero no fue el único cuando el liderazgo alemán empieza a ser cuestionado primordialmente en Polonia (¿azuzado por EE.UU.?) debido al nuevo eje Berlín/París. En la excomunista Alemania oriental, el triunfo del AfD exhibió las condiciones paupérrimas y las fracturas sociales, donde el desempeño del SPD -Partido Social-Demócrata, similar al bélico simulador blairismo del Partido Laborista de Gran Bretaña- es cataclísmico: cuarto lugar, detrás del partido Linke (16,5%), más cargado a la izquierda histórica, no muy lejano del desempeño electoral de los verdes.

La globalización financierista se está quedando sin un centro de gravedad: desde Wall Street (por el trumpismo soberanista), pasando por la City (por el Brexit) y ahora la plaza financiera de Frankfurt (por el ascenso de la AfD), y sucumbe ante el irresistible ascenso geoeconómico de China y su versión más incluyente y armónica de globalización económica, en la etapa del mandarín Xi, a diferenciar de la globalización financierista israelí-anglosajona.

Debido a la grave crisis cosmogónica y civilizatoria -geopolítica/geoeconómica/geofinanciera-, los pusilánimes e inanes partidos centristas se extinguen en un mundo cada vez más fracturado, mientras se polarizan los extremos tanto de los términos semánticos rebasados de derecha e izquierda que reflejan más bien los caducos órdenes mundiales de finales del siglo XIX, de casi todo el siglo XX, y que agonizan a inicios del siglo XXI cuando es mucho mejor emplear los términos más realistas de globalistas frente a nacionalistas, donde, en ambos lados de sus polos, se congregan tanto la derecha y la izquierda decimonónicas. (O)

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