El valor de la consulta popular

- 09 de octubre de 2017 - 00:00

Valor fundamental de la democracia es y será consultar al pueblo sobre los temas que se consideren necesarios. En legítimo derecho, unos pueden estar a favor y otros en contra, pero plantear que el llamado a consulta popular es un error, no tiene sustento alguno, peor para quienes desde la izquierda progresista siempre han defendido el principio de que el mandante tiene derecho a que se le pregunte directamente. Sobre el contenido se puede discutir, definir, y actuar frente a lo que dice cada pregunta. Pero es inaceptable que se diga que la consulta es “inconsulta”: ¡porque no estaba en el Programa de Gobierno! Esos son los argumentos de la insepulta partidocracia.
Entonces cómo aceptar que opinadores pretendan descalificar este mecanismo democrático. Realmente no tiene sentido. En vez de usar calificativos sobre la consulta, deberían prepararse con sólidos argumentos para disputar el valor de cada pregunta. La vía más fácil será decir No a todo. Ese es el mayor facilismo para hacer política.

Siguiendo la estrategia siempre utilizada por la vieja izquierda que fue derrotada 14 veces. Si consideran que ciertas preguntas son de relleno, que ciertas preguntas son solo para darle impulso a la consulta y que la gente simplemente votará ‘pasionalmente’, entonces, eso quiere decir que como cultura política no hemos avanzado, absolutamente nada. Lo primero es analizar a fondo lo sucedido con la política en estos 10 años. No solo la política pública, sino la política como herramienta de toma de conciencia, como se decía antes.

Bueno resulta que los que no creían en el valor de tener una organización bien estructurada, que forme y fomente militancia, ahora son quienes reclaman la unidad del movimiento para un lado o para otro. Es evidente que ha faltado formación política, incluso se puede justificar que la necesidad de cambiar rápidamente a Ecuador significaba dejar de lado ciertos procesos más de mediano y largo plazo, porque la coyuntura electoral lo exigía. Pero no es aceptable que los que nunca hicieron algo por ese movimiento, ni aportaron un centavo, pretendan refugiarse en lo que representa para hacer un parteaguas entre lo que es o no es la Revolución Ciudadana. La disputa ahora está, legítimamente, en argumentar, convencer a cada elector. Pero no decir que la gente es emocional y no racionalizará su voto. Eso es insultar a los propios militantes, como a cada uno de los que han apoyado este proceso. Si la derecha mediáticamente dice que apoya la consulta, no quiere decir que la misma sea de derecha o que el régimen se ha derechizado. Eso es un análisis miope, de pragmatismo despolitizado. De vanguardismo de nada. Bien que haya consulta para que el progresismo piense y actúe bajo los principios que lo guían.

Que quienes se dicen militantes, por lo menos, lean los principios ideológicos de su movimiento, su estatuto. Que no sirve inventarse su propio imaginario de movimiento. Eso sería falsear la historia. Y nada de progresista, ni de estratégico ni de táctico tendría su accionar. Si las generalizaciones sobre el pasado han dolido a más de uno, que sirva para profundizar la acción política, no para ser revolucionarios simplemente posteando o estando dos minutos frente a un micrófono. Esto requiere calle, diálogo y capacidad de convencer a cada votante. Esta consulta, sin duda, será una gran lección de formación política, sobre todo para quienes quieren ser los nuevos líderes y lideresas, y no solo opinadores ‘críticos’. (O)