El que no cae, resbala

- 22 de Marzo de 2017 - 00:00

Así más o menos resulta: el que no cae, resbala. Más allá de las afirmaciones de Umberto Eco sobre las redes sociales y todo lo que de ellas deriva, se va convirtiendo en una costumbre común compartir y replicar ‘noticias’ que alguien coloca en las redes sociales sin preguntarse por su veracidad o su autenticidad. Y en tiempos de campaña electoral esto resulta altamente peligroso.

Parecería que se ha vuelto una conducta automática esta de mirar alguna entrada de red social que de cualquier manera se pone a favor de mi tendencia y compartirla o replicarla con el simple y sencillo gesto de apretar una tecla o un botón de la página. Entonces el variopinto mundo de la publicidad electoral se ve ‘enriquecido’ por un nuevo recurso: el chisme de vecindario. Avalado, además, como cualquier chisme de vecindario que se respete, por la fuente supuestamente fidedigna: el primo de la cuñada que trabajaba en algún cargo público en la década pasada conoció la finca del padre de la funcionaria. Cosas así.

También está la actitud ‘replicativa’, por llamarla de algún modo. Hay que contestar todo lo que se dice en contra de mi partido o candidato, o a favor de los otros. Hay que responderlo, además, con toda la agresividad que pueda caber en el pequeño espacio de un comentario de red social o de un tuit. Nada se queda en el tintero. Nada se pasará por alto. Y golpear, golpear, golpear. Pegar centro, que le dicen. Y si hay réplica, hay contrarréplica, eso ni se duda. Entonces la cadena de ofensas puede llegar al infinito y sobre todo salir del ámbito político para entrar de lleno en el personal. Insultos van, insultos vienen. Sarcasmos vuelan y aterrizan en todas partes.

Cabe solamente una pregunta muy elemental en este punto: ¿y las propuestas? Porque también allí hay de todo. Aquello de prometer lo imposible ya resulta bastante grave, pero lo infinitamente peor es que un buen número de sufragantes vote por esas propuestas a sabiendas de que son falsas, solamente por rencor, rabia o algo que en lenguaje criollo se podría llamar ‘gadejo’.

Triste realidad es la poca educación de un pueblo cuando comulga con ruedas de molino, se traga los chismes como hostias consagradas y no tiene más argumento que la agresión barata. Muy triste. A pocos días de la segunda vuelta, es importante ponderar desde lo más razonable si lo que se desea ganar vale la pena y el esfuerzo de todo aquello que se podría perder. (O)

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