Jueves, 17 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

El poder popular en defensa de la revolución venezolana

Ketty RomoLeroux G.

En comentarios anteriores expresamos que el Plan Cóndor, que alcanzó su apogeo en la década de 1970, con las dictaduras sangrientas del Cono Sur de nuestra América, está vigente. La agresión imperial tendiente a destruir la Revolución Bolivariana  de Venezuela es un claro ejemplo. El nombre de aquella fue creado por iniciativa del presidente Hugo Chávez Frías, quien asumió el poder en 1998. Aprobado mayoritariamente por voluntad popular en 1999.

Contiene el nuevo proyecto económico, político y social que se iniciaba, basado en el ideario independentista, antiimperialista, latinoamericano del Libertador Simón Bolívar, y en las tesis formuladas por los patriotas Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Como se recordará, al poco tiempo de su gobierno, la oposición dio un golpe de Estado el 11 de abril de 2002, y es reemplazado por Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, quien mediante decreto disolvió todas las instituciones democráticas y fueron detenidos los altos funcionarios del Estado. Mas, el sábado 13 de abril, la euforia popular al grito de “Queremos a Chávez”, millares de sus partidarios llegaron al palacio de Miraflores. La guardia presidencial apresó a Carmona y a sus asesores. Otro grupo se fue a la isla de Orchata, donde se encontraba secuestrado, lo rescató y lo restauró en su Presidencia Constitucional.

Chávez admitió que antes de este acontecimiento no estaba claro ideológicamente a favor de la democracia participativa y su paso al socialismo del siglo XXI. En el transcurso de sus dieciocho años, la Revolución ha alcanzado grandes logros en las áreas social y educativa principalmente, en beneficio de las mayorías populares. Lo que ha generado una guerra económica, tanto de afuera como dentro del país, en un momento de transición pacífica al socialismo.

El poder político de la burguesía como clase deriva en última instancia de su poder económico. En la medida de que, como propietaria de los medios fundamentales de producción, de la banca y del comercio, tiene a su disposición el gran capital, con el que organiza la contrarrevolución, con el cual logró el control de la Asamblea Nacional, el 6 de diciembre del año pasado, y las acciones violentas de los últimos días, con el pretexto de protestar contra la crisis económica existente. Efectivamente, con la acusación de que el presidente Nicolás Maduro quería dar un golpe de Estado, mientras visitaba el Medio Oriente, por los precios del petróleo, la mayoría opositora de la Asamblea declaró, el pasado 23 de octubre, el abandono de funciones, creándose una situación jurídica confusa, pues ella no tiene capacidad legal para destituir al presidente de la República.

Con la mediación del papa Francisco, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y una delegación internacional de expresidentes, de España, Panamá y República Dominicana, se organizaron cuatro mesas de trabajo, para resolver la situación a través del diálogo, el cual está generando resultados positivos. Por lo que se prolongó dos meses más el estado de excepción. No obstante, el juicio político continúa. Aunque este no existe en la Constitución Política. La Corte Suprema de Justicia declaró en desacato a la Asamblea Nacional; consecuentemente, sus decisiones son nulas.

Felizmente existe la inmensa unidad popular bolivariana, integrada por los sectores progresistas, con el respaldo de las Fuerzas Armadas y la amistad de los pueblos del mundo. Ahora más que nunca, cuando pronto se iniciará una nueva era en la humanidad. La etapa superior del imperialismo que traerá grandes sacrificios a todos los pueblos del mundo.

Admiramos los grandes sacrificios del pueblo venezolano por defender su independencia y soberanía nacional. Nos solidarizamos con su proceso revolucionario. (O)

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