El pánico de la oposición en la despedida de Rafael Correa

- 20 de Mayo de 2017 - 00:00

Los derrotados dirigentes políticos de la oposición, ciertos columnistas de los medios privados y asesores de los informativos de la televisión comercial, en la crucial despedida del presidente de la década ganada, Rafael Correa Delgado, entre el pánico y la cobardía, salen de sus escondites para injuriar, tildar de prepotente, vanidoso, maléfico, acaparador de funciones, soberbio y otros agravios, cuando ya el líder de la Revolución Ciudadana se aleja, temporalmente, del escenario de la política nacional, pero como, en el fondo, temen un próximo retorno a la palestra, intentan lesionarlo de gravedad o sepultarlo en el olvido. El pronto exmandatario de los ecuatorianos nunca hizo caso de la bullanga y versiones antojadizas; principalmente de los periodistas de la derecha oligárquica, pero eso sí, no aceptó ni aceptará la calumnia ni la conspiración; y para ello invocará desde cualquier sitio la majestad de los tribunales de justicia.

No cabe la mínima duda, como a la oposición política y a sus periodistas de alquiler no les dio resultado la campaña sucia contra el liderazgo de Rafael Correa, se alistan a emprender mañosas estrategias, para intentar desprestigiar al régimen del Buen Vivir en el tramo final de la década ganada y a los nuevos mandatarios, Lenín Moreno y Jorge Glas, en su desesperación por volver a la era de la rapiña neoliberal. Como los grupúsculos contrarios no han logrado detener el proceso de reivindicación social y económica, inaugurado por el gobierno de la Revolución Ciudadana, ahora con el cambio de mandatarios, sarcásticamente, se proclaman defensores de la democracia, libertad de expresión, derechos humanos y protector de los pobres; por un lado, se convierten en consejeros de Lenín Moreno, y de otro costado, amenazan con tomarse las calles, si no cumple las promesas en tiempo límite.

La oposición, fracturada por la ambición e intereses, sin líderes solventes, teme que nunca más alcanzará el poder político, si en el tiempo y la distancia sigue brillando con intensidad el líder de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa. El auténtico líder abarca una época asumiendo el papel de guía de los cambios históricos, en la búsqueda de soluciones a los problemas de los sectores abandonados; demuestra valentía, decisión y dispuesto a llegar hasta el sacrificio por terminar su obra. El pueblo ecuatoriano confió y confía en Correa, lo reclama y lo recordará siempre por su sentimiento humanitario y su afán de servir a los más pobres de la patria.

El pánico de la oposición a perder por décadas privilegios y sin esperanza de retornar a la era del saqueo del erario nacional, se evidencia en la despedida del gran líder, colmándolo de insultos y calumnias, pero sin lograrlo, si a la vista se destacan: la gigantesca obra física del régimen del Buen Vivir, la gratuidad de la educación, salud, apertura de oportunidades para todos los sectores sociales, apoyo a la mujer en su participación en la actividad política y pública, fomento a los valores de unión y solidaridad, como se demostró con la ayuda de todos a consecuencia del siniestro en Manabí y Esmeraldas y la prestigiosa presencia de Ecuador en el concierto de las naciones del mundo.

Al binomio de Alianza PAIS y sus aliados les compete, tal como lo prometió Lenín Moreno, continuar con el proyecto de la Revolución Ciudadana, terminar la construcción de la nueva patria, con extensión a los sectores económico, productivo y laboral y complementado con su plan que abarca, específicamente, esmerada atención a los menores durante los 100 primeros días de edad y al cuidado y bienestar de las mujeres y hombres de la tercera edad. Lenín ha reiterado impulsar la unidad nacional y mejorar la calidad de vida  de los grupos prioritarios. (O)