El ojo del huracán

- 05 de Septiembre de 2017 - 00:00

Época de cambios climáticos en la que todo se trastoca, llueve copiosamente donde menos se esperaba, inundaciones incontenibles, fríos o calores intensos y nadie puede predecir lo que va a ocurrir con esos imprevistos.

Algo así nos ocurre en la política ecuatoriana.

Un periodista extranjero me pidió que le explicara qué está sucediendo, políticamente, en este sui géneris país.

¡No tengo respuesta!, le contesté, lo único que sé es que, indiscutiblemente, la derecha internacional y la también banquera criolla deben estar bailando en una pata, y no porque sean patojos, como yo, sino porque ellos están más contentos que si hubiera ganado Lasso la Presidencia, por la inocultable división que se ha generado en Alianza PAIS, por lo que ellos pueden vanagloriarse con el principio de ‘dividir para reinar’.

¿Culpa de quién o de quiénes? ¡Vaya el diablo a saberlo!

Lo cierto es que atravesamos una crisis inexplicable, o, mejor dicho, imperdonable.

En medio de una vorágine desconcertante, agudizada por la presencia de los brotes de corrupción, todo se vuelve una olla llena de grillos, de gusanos y de cucarachas.

Gente descalificada quiere pontificar y convertirse en acusadores o defensores de causas jurídicas, aun cuando carecen de autoridad para ello.

Es peligroso que quieran convertirse en acusadores o defensores de oficio, si no tienen  capacidad para tal objeto.

En una entrevista televisiva en el canal internacional Telesur, el vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas, dijo categóricamente: “Yo estoy siendo sometido a un linchamiento mediático y todos los medios de comunicación privados, y hasta los públicos, se niegan a entrevistarme; uno de los delincuentes que se dejó sobornar por Odebrecht me quiere sindicar sin tener autoridad moral alguna; el juez del caso me niega el derecho a salir del país, cuando no he pensado en ausentarme, a pesar de que tengo varias invitaciones para hacerlo; me quieren vincular a proyectos contratados por anteriores administraciones, cuando yo fui el que ejecutó la orden de Rafael Correa de expulsar de Ecuador a la firma brasileña por las fallas en la central hidroeléctrica San Francisco, que opera en Ambato”.

Y si esta nefasta empresa retornó a seguir trabajando aquí, fue porque cumplió su compromiso contractual indemnizando el Estado ecuatoriano con varios millones de dólares.

“Pero, en todo caso, yo no intervine en esas nuevas contrataciones cumplidas, al margen de mi persona.

“Un sujeto socialcristiano dijo que había que ‘descorreizar’ al Gobierno, seguramente para ‘nebotizarlo’, ¡no faltaba más!”.

Que el juez competente diga si hay fundamento jurídico para que se continúe con el proceso. (O)

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