Miércoles, 12 Abril 2017 00:00 Columnistas

El no tan sutil juego de la manipulación

Lucrecia Maldonado

Un chascarrillo cuenta que, en Alemania, cuando un delincuente menor es descubierto y perseguido, al correr, tanto él  como el policía evitan pisar el césped y corren únicamente por los senderos trazados para el efecto. Tal es el apego a las leyes, incluso de quienes delinquen.

Esta broma, divertida hasta cierto punto, nos hace reír con cierta melancólica indignación porque aquí, en cambio, es completamente al revés. De otro modo no se explica todo el ruido que se ha armado desde algunos de los partidarios de la alianza CREO – SUMA después de la segunda vuelta.

Los hechos son simples: aunque sea con un margen estrecho, el binomio Moreno-Glas ganó las elecciones. En la democracia participativa, donde las elecciones parecerían ser el instrumento idóneo para definir a los gobernantes, se puede ganar con un solo voto, así funciona este juego. ¿Cómo es eso de que ‘si no ganamos es fraude’? Suena infantil, si no fuera una manipulación perversa de los hechos a través de opiniones fraguadas con afán manipulativo desde hace rato.

Pero lo peor es que ahora hay todo un discurso, que nada tiene que ver con los hechos y que la gente (sobre todo los partidarios del binomio perdedor) repiten  todo el tiempo: esta es una dictadura totalitaria y represiva, dicen, y ahí están, apostados frente al CNE mientras sus facciones más violentas queman llantas, amenazan la vida y propiedad de conductores de camiones de basura si no obstruyen las vías e impiden el paso normal de la ciudadanía neutral sin que se les sancione; no hay libertad de expresión, vociferan a los cuatro vientos, igual , 24/7, sin que nadie les impida decirlo, gritarlo, escupirlo, cantarlo y hasta rezarlo en una parafernalia grotesca, arrodillándose en media vía sin recordar que fue el líder al que levantan los brazos quien dijo que es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja antes que un rico entre en el Reino de los Cielos; se quejan de la prepotencia de alguien que ya se va y no miden la de quien viene, pero además conminan a los transeúntes a gritar ‘¡fraude!’ y a hacer sonar las bocinas de sus autos con amenazas de violencia y destrucción si no se obedece su sacrosanta voluntad; dicen estar ‘hartos del Gobierno más corrupto de la historia del Ecuador’ demostrando así un par de cositas bastante simples: la primera, que poco es lo que saben de la historia patria, y la segunda, que corrupción, para ellos y ellas, es solamente el chanchullo cometido por quien no les simpatiza.

Parte de ser adultos es aprender a aceptar lo que no nos gusta, lo que no ha salido como hemos querido, y que hay voluntades más allá de las nuestras que se deben respetar. Parte de madurar es comprender que no se pueden cambiar las reglas de un juego cada vez que no hemos ganado. También parte de esa adultez es aprender a no falsear lo evidente y a saber que el berrinche, si bien puede resultar hasta cierto punto útil, no es ni ético y que habla de cualquier cosa menos de integridad. Pero henos aquí, a quienes  creíamos haber ingresado de alguna forma en la madurez, mirando cómo algunos autonombrados próceres, los medios de comunicación privados, un sector más o menos numeroso de la población y sobre todo el movimiento político derrotado hacen gala de seguir en la edad preescolar, solo que con peligrosísimos juguetes y recursos de manipulación entre las manos, pretendiendo imponer sus opiniones por encima de cualquier lógica democrática. (O)

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