El médico del barrio

- 23 de septiembre de 2017 - 00:00

El médico del barrio tiene su origen en el sistema inglés. El “General Practitioner” atiende a la población de su territorio y refiere a los pacientes hacia el hospital, para consulta de especialidad o para que le asignen una cama. En salud, educación y otros servicios públicos, el Estado desconcentra los mismos en territorios o “barrios”.  Nadie va a donde le da la gana (como en los servicios privados).

Pero el médico de barrio no tiene que ir a los hogares, salvo en graves situaciones de discapacidad.  El paciente va al dispensario o al centro de salud.  La enfermera sí debe visitar los hogares porque tiene formación preventiva, tanto primaria (vacunas), secundaria (diagnósticos tempranos tipo “screening”) o terciaria de rehabilitación para referir a los especialistas. El médico ya tiene bastante con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Se ha señalado que el equipo incluiría un Trabajador de Atención Primaria, TAP, el cual propiciaría la promoción de la salud.  Pero este, con formación de pocos meses, seguramente pronto será subsumido en la atención médica de la enfermedad biológica individualmente considerada.

Hoy el máximo prestigio lo tienen los especialistas (que ganan mucho más) de los hospitales, públicos o privados.  Estos son el símbolo de la ciencia médica.  Pero hay una especialidad integral, la “Medicina y salud familiar y comunitaria”.  Propone no solo la atención individual sino la familiar y colectiva.  Como medicina atiende la enfermedad y como salud incluye lo promocional, que es interdisciplinaria e intersectorial.  

Hubiera sido deseable que la nueva gestión complementara la atención del médico del barrio con la hospitalaria que tanto énfasis tuvo en la gestión anterior.  De otro modo se corre el riesgo de tener un enfoque exclusivamente de “enfermología” con el médico del barrio.

La construcción de los nuevos hospitales, aunque por características del sistema capitalista se constituyen en grandes fuentes de mercancías y enriquecimiento por su infraestructura, equipos, medicamentos y otros insumos, era indispensable.  Y esa respetable medicina individual, que la gestión gubernamental anterior, además de ponerla universal y gratuita, la fortaleció como bien público que responde a los derechos, requiere ser complementada con la propuesta del médico de barrio.

Este a su vez debe estar respaldado por los especialistas de la medicina y salud familiar y colectiva, que, al fin, ha sido reconocida y apoyada por el ejecutivo en lo laboral y por las universidades en su formación académica. (O)