Viernes, 12 Mayo 2017 00:00 Columnistas

El libro y la lectura, otro reto para el nuevo gobierno

Pablo Salgado Jácome

La Feria internacional del libro de Bogotá -Filbo 2017- terminó con cifras récord. Se realizaron 1.500 eventos, la visitaron 550.000 personas, el incremento de venta de libros fue del 7% y Francia -país invitado- se convirtió en el país que más libros ha vendido en la historia de la feria. Muchos coinciden en que ha sido la mejor de los últimos 30 años.

Al mirar la lista de los escritores que participaron, la calidad de los actos y actividades de la feria, uno no puede sino sentir envidia. Como no hay envidia sana, simplemente envidia. Pero ¿y Ecuador en la Filbo? Apenas un escritor y pare de contar. Y un stand que acogió -por iniciativa propia- a la Asociación de Editoriales Independientes.

La última actividad que el anterior ministro de Cultura, Raúl Vallejo, cumplió antes de dejar su cargo fue precisamente la vinculada a la Feria del Libro de Quito. Firmó un convenio con la Cámara del Libro y la Casa de la Cultura Ecuatoriana para la organización de la próxima feria.  

Corresponde al nuevo Ministro de Cultura y Patrimonio asumir el mandato de la Ley Orgánica de Cultura para que Ecuador tenga -al fin- un programa nacional de fomento al libro y la lectura. Y es en este marco que debe existir la Feria del libro. No puede hacerse al margen. Por tanto, en función de los contenidos, conceptos y actividades del programa deberá estructurarse la nueva feria.  Y por supuesto, con nuevos socios estratégicos, incorporando a sus ámbitos de decisión a todos los actores del sector del libro.

La Cámara del Libro de Ecuador -en verdad, de Pichincha- ha estado vinculada a las últimas ferias del libro organizadas por el Ministerio de Cultura, que ha transferido recursos a la Cámara. Sin embargo, los resultados han sido cada vez más decepcionantes, si no basta recordar la feria del año pasado. El gobierno de la Revolución Ciudadana se inauguró con la mejor feria del libro que se ha realizado en la historia del país -la Fiesta Internacional de la Cultura, el libro 2008- y se despide con una de las peores.

Por esto es necesario replantearse totalmente el concepto, la estructura y el programa de la feria que -repito- debe estar articulada al Programa Nacional del Libro y la Lectura. Y también el lugar; el Centro Bicentenario está prácticamente en abandono y deteriorado, apenas sirve para ferias de muebles y de comida. Además, recordemos que ya se realizaron en ese espacio dos ferias y fue totalmente incómodo e inapropiado.

La Cámara del Libro es el único gremio que jamás se ha pronunciado en defensa de sus socios. Mientras las Cámaras de Comercio, de la Construcción, de la Pequeña Industria se pronuncian constantemente en defensa de su sector, la Cámara del Libro, nunca. Silencio. Jamás ha mantenido una actitud proactiva para el fomento del libro y la lectura.

En la vigente Ley Orgánica de Cultura apenas se menciona, de modo general, el fomento al libro. ¿Y la Cámara? Ausente. Recibe recursos del ministerio para la feria, y cobra por los stands a sus socios. Absurdo. Sus propios socios lo dicen: “Si no fuera porque la Cámara emite los certificados para la importación de libros, yo no sería parte de la Cámara”.

El nuevo gobierno y el nuevo ministro tienen ahora la gran oportunidad para convertir al libro y la lectura en una gran cruzada nacional que movilice a Ecuador entero. La lectura debe ser el mayor capital de un país que le permita, no solo transitar hacia un país del conocimiento, sino hacia la unidad e integración nacional. (O)

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