El fallo definitivo de Gustavo Quinteros

- 13 de Septiembre de 2017 - 00:00

Un equipo de fútbol no es una empresa industrial o comercial, ni siquiera se le parece y jamás será un deporte puro. La selección condensa al país en un patriotismo canchero y de barrio bravo intolerante con la derrota. Hasta tiene sus teorías de la relatividad, desafíos a la ley de la gravedad y al menos el segundo principio de termodinámica explica triunfos imprevistos y el calvario de algunas derrotas. El fútbol no es ciencia, sin importar que son los más inteligentes quienes trepan a los altares.

Un equipo es solo eso, una colectividad de inteligencias. Esa oncena está para los extremos: honrosa mención que va de boca en boca o mentada de madre interminable.

Dos definiciones me satisfacen: una comparación con Los doce del patíbulo y la del ‘estado de ánimo’. Gary Cortés y Jorge Valdano, el primero un enciclopedista del balompié, es del mismo vecindario que 100 estrellas negras esmeraldeñas (cartografía de afroastros de Lilian Thuram), y el segundo es el griot futbolero más importante de estos años. Ambos saben de fútbol y lo explican mejor.

Cuando G. Cortés habla de la docena malandra se enfoca en el personaje interpretado por Lee Marvin, por la principal razón de triunfar debe formar un equipo, no tanto por sus virtudes y más por sus defectos; reorienta la prioridad de sus actos de malhechores por una buena causa. Serán decentes y útiles en los límites de su propia ética sin afectar a la pequeña sociedad lumpen. Ese fue un director técnico (DT) o un líder que gestionó con éxito el estado racional y emocional del grupo.

Para dirigir un equipo de fútbol el DT debe comprender al futbolista con su historia humana y de fútbol. Y no le sirve su corbata de seda si carece de genialidad einsteniana, de sutileza freudiana; aun si no hace milagros como la Virgen de Lourdes y tiene más aguante que el Mahatma Gandhi, son líneas prestadas a Eduardo Galeano, de El fútbol a sol y sombra, p. 13, Siglo XXI Editores.

¿Qué le ocurrió a Gustavo Quinteros con el equipo ecuatoriano? Falló su liderazgo, aunque puso la otra mejilla: asumió la responsabilidad. J. Valdano en Los 11 poderes del líder, dice que hasta “el 30 por ciento de los resultados de un equipo se explica por la diferencia del clima de compromiso”, p. 14. Ahí es donde actúa el líder, mujer u hombre.

De todos los poderes descritos por Valdano, este jazzman cree que a G. Quinteros le falló ‘el poder del estilo’. O si lo tuvo al inicio de la etapa eliminatoria, en algún momento debió extraviarlo y jamás volvió a hallarlo. “… el estilo no es más, sino que está antes del resultado”. El estilo tiene un background de que como se vive se juega en la cancha.

Aquellos que prefieren el desafío cotidiano, porque son hijos sanguíneos de la hazaña, en el pecho les marimbea una moral que no desentona con su origen y están para la desmesura, no tienen minutos para pensar en derrotas y sus excusas.

No fueron tácticas y estrategias equivocadas, se olvidó el estilo. (O)