Lunes, 19 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

El Encuentro Latinoamericano Progresista. ELAP 2016

Werner Vásquez Von Schoettler

Ecuador prepara el Encuentro Latinoamericano Progresista 2016. Espacio único de debate de las fuerzas, de las organizaciones, de los partidos y gobiernos progresistas que durante más de una década han dado batalla para superar las taras históricas del neoliberalismo que hundió a toda América Latina, por cerca de treinta años, en un sistema de pobreza, marginalidad, exclusión y pérdida de soberanía permanente. Debemos tener presente que las fuerzas progresistas, como nunca antes, decidieron tomar el poder político y ser gobiernos con una profunda vocación de transformación en beneficio de las grandes mayorías históricamente excluidas.

A diferencia de la izquierda tradicional, la izquierda progresista, tuvo la valentía de retar al poder dominante, a sus instituciones, a los actores políticos tradicionales que nunca pusieron en juego las estructuras de la dominación, por el contrario, supieron jugar a beneficio propio con un sistema democrático formalista, carente de representación social; que supieron modelar el Estado a su conveniencia para beneficiar a sus grupos de poder. Todo eso se puso en juego en un nuevo tiempo político de disputas a un orden constituido basado en la tradición oligárquica.

El progresismo ha sabido bien interpretar las demandas populares, levantar un nuevo diseño constitucional e institucional que sea un medio y no un fin en sí mismos. Los propios sentidos de la democracia cambiaron como también los sentidos de la ciudadanía; el ser ciudadano. Y un rasgo fundamental ha sido ese fuerte contenido integracionista. El hacer y pensar la política desde otras fuentes, desde otros imaginarios y, por supuesto, atreverse a servir a los pueblos. El progresismo, debe quedar bien claro, no es un problema de ciclos, sino un problema de disputa continua, permanente, frente al poder tradicional, al continuismo de unas élites vergonzosas, enajenantes, sin sentido de Patria que le han apostado al oportunismo y a la traición a los pueblos latinoamericanos.

El progresismo va más allá del tiempo de ser gobiernos; que es necesario, por supuesto, ser gobierno, pero no se queda en el problema del Estado, sino que tiene su centro en la ciudadanía, en la sociedad. El progresismo no es perfecto; se han cometido errores y cuesta el aprendizaje, sobre todo cuando se respeta la democracia, el orden constituido y la voluntad popular manifiesta en las urnas. Sobre todo cuando se tiene el espíritu democrático y de soñar con revoluciones en paz. Lecciones que la vieja izquierda como la derecha no aprendieron sino que se emparentaron con todas las formas de golpismo para permanecer y usufructuar de las decadentes instituciones burguesas. América Latina ha necesitado un espacio de reflexión de estas experiencias y desde el 2014, Ecuador es sede de este encuentro.

Este año es muy especial por todas las circunstancias que vive la región. Momentos de disputas profundas; de lecciones duras para ciertos sectores populares y de la clase media que se dejaron engañar por un falso discurso del “cambio” protagonizado por un neoliberalismo remozado, mediático, que por ejemplo ya lo vemos reflejado en los brutales costos para pueblos como el argentino. Todos debemos sumarnos a estas reflexiones el 28, 29 y 30 de septiembre en Quito. Una gran oportunidad para no olvidar el pasado, pero sobre todo, para comprender lo construido y definir el futuro de nuestras naciones. (O)

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