Miércoles, 09 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

El círculo vicioso del crecimiento

Fander Falconí

Según ha advertido durante varios años el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), solo manteniendo la concentración de gases de efecto invernadero por debajo de las 400 partes por cada millón, podremos evitar que la temperatura promedio del planeta se eleve más de dos grados centígrados, por encima del promedio anterior a la Revolución Industrial. En los últimos años ha habido excepcionales días en los que se registró la fatídica cifra. Pero en septiembre de 2016 todas las mediciones diarias superaron el umbral de 400 x 1’000.000, de acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial.

Rebasar el umbral nos coloca en otro nivel del cambio climático. Desde ahora en el mundo habrá más eventos catastróficos relacionados con el clima y será más difícil frenar el calentamiento global. Un crecimiento económico negativo se vuelve el denominador común en esta hora, el temido ingreso tóxico que ya fue demostrado por Rafael Burbano, Jesús Ramos y el autor de esta nota (’De activos tóxicos a ingresos tóxicos’, Flacso Andes, 2016).

Mientras tanto, en este caso se cumple el adagio popular: las desgracias nunca vienen solas. La Organización Meteorológica Mundial muestra el agravante de la tragedia: las sequías producidas por alteraciones climáticas, como la causada por el fenómeno acrecentado estos años de la corriente El Niño, trae sequías a Sudamérica, que disminuyen la capacidad del bosque tropical para absorber más CO2; por lo tanto, reducen la resiliencia del ambiente, es decir, su capacidad de adaptarse y repararse.

La revista internacional Science Magazine, escrita por expertos en artículos bien documentados (’Positive biodiversity-productivity relationship predominant in global forests’, 2016), muestra el verdadero alcance de lo que está viviendo la Tierra. El efecto negativo que la pérdida de biodiversidad causa en la capacidad de los bosques (también conocida como productividad del bosque) para absorber el dióxido de carbono, cada vez mayor en la atmósfera.

Y los expertos en cambio climático establecen una valoración económica (con todos los problemas de la valoración a precios de mercado) de esa capacidad de la biodiversidad para mantener la productividad de los bosques: entre $ 166 mil millones y $ 490 mil millones por año. Aunque eso es solo un pequeño porcentaje del valor total de la biodiversidad, está entre dos y seis veces lo que costaría un plan global de conservación. Lo cual demuestra que conservar la biodiversidad, mediante una mejor administración de los bosques, no solo salvaría al planeta. Además, resultaría mucho más costoso restaurar los daños que prevenirlos o al menos mitigarlos.

Hablando en términos automovilísticos, si es que no damos el mantenimiento adecuado al planeta, corremos el peligro de fundir el motor. Pero el capitalismo salvaje es como un caballo desbocado que se acerca peligrosamente al precipicio… y crece y crece. (O)

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