Viernes, 09 Junio 2017 00:00 Columnistas

El 5 de junio de 1895

Ilitch Verduga Vélez

Historiadores de estos tiempos consideran que la contemporaneidad de Ecuador nació el 5 de junio de 1895. En ese día se estableció la necesidad fundamental de la presencia del general Eloy Alfaro en la patria para su regeneración, limpiándola del cieno en el que la sumió la perfidia del alquiler del lábaro patrio, por parte del régimen de la ‘argolla’, como se motejaba a la derecha política económica de esos tiempos, cuya descendencia es la actual partidocracia.

Esta vez el fraude se realizó receptando una coima funesta, fruto de un negocio espurio en país extranjero. La venta del crucero blindado Esmeralda por parte del Gobierno chileno al japonés, en guerra con China, en circunstancias que Chile habíase declarado neutral en el conflicto, por tanto, requería la participación de autoridades sobornables de un tercer país, para la ‘operación’.  En Ecuador encontró los malhechores. La acción rastrera del gobierno conservador de Luis Cordero, a través de sus conmilitones, logró el fin perverso: Caamaño, expresidente de la república; Noguera, el cónsul; autores materiales del crimen de lesa patria, condenados históricos, fueron juzgados por la vindicta publica, reos de alta traición. Empero, no era suficiente, la  afrenta era infinitamente mayor, la insurrección montonera, que se había manifestado décadas antes de terminar el siglo XIX, en un camino de triunfos y derrotas que finalmente logró la victoria definitiva que cambió la faz del país, posibilitando que el progreso de la centuria que concluía se filtrara, cual fresco viento, en la atmósfera oscurantista de la época; con su accionar logró limpiarla. El pronunciamiento guayaquileño en la fecha señalada tuvo antecedentes, tal vez desconocidos, que deberían ser difundidos.     

5 de mayo del 95, en Chone, proclamación del ‘denodado general Eloy Alfaro’, jefe supremo de la república, comandante del ejército constituido en Manabí en defensa del decoro nacional. De igual modo, en otros lugares patrios, el accionar revolucionario se hace presente: Carchi, Guaranda. Serrano en El Oro, Bowen en los Ríos, líderes radicales, con sus huestes junto a los destacamentos manabitas, rodean el núcleo corrupto, la Gobernación del Guayas, tomada por Caamaño y su corte de milagros. Paulatinamente cercan Guayaquil, donde la gente se adhirió a Alfaro, tomando los cuarteles. Mas, como ha sucedido siempre, en la urbe huancavilca, ‘notables’ tomaron el mando para negociar su destino, solventando la fuga de los culpables de la horrenda ofensa a Ecuador, intentando impedir la llegada de Alfaro.

Empero, la maniobra fracasó. Eloy Alfaro arribó el 18 de junio a bordo del buque Pentaur, recibido con entusiasmo delirante por la población. Entonces, queda claro que sin la acción montonera, llegada de las provincias vecinas, del pueblo guayaquileño, la transformación liberal pudo tener destinos distintos, pues la oligarquía tenía otros planes: entregar la plaza a Ignacio Veintimilla (Ignacio de la cuchilla, bautizado así por Juan Montalvo). Eran esenciales predicamentos, dada la antipatía que sentían por Alfaro y sus ideales. Hechos reales lo demuestran. El señor Lapiere, influyente secretario de la ‘junta de notables’, casado con doña Marieta, la bella, valiente mujer, sobrina del tirano Veintimilla, acompañante en su exilio, pedía su regreso.

El 5 de junio de 2017 se cumplieron 122 años de la gesta, conmemorados en Manabí, cuna precursora de la revolución. Hoy que los herederos de la ‘argolla’ quieren retrotraer la historia, debemos emular la alfarada. (O)

 

 

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