Educación al humanismo solidario

- 11 de octubre de 2017 - 00:00

Linda perspectiva para los centros escolares: “Educar al humanismo solidario”, ya que la educación escolar no es primero para ganar dinero ni solo para ser buenos profesionales, sino para hacer personas humanas hechas y derechas. Eso es la educación: ayudarnos para ser mujeres y varones dignos, es decir plenamente humanos. Esta es la propuesta del Vaticano para evitar reducir el crecimiento personal y el desarrollo humano a un progreso meramente económico.

Ya son 50 años que el papa Pablo 6° escribía una carta encíclica que dejó muchos frutos en nuestro mismo Ecuador: ‘El desarrollo de los pueblos’, concebido como “promoción integral y solidaria de todas las personas y de toda la persona”. En varias provincias han surgido organizaciones verdaderamente respetuosas de las personas y su dignidad, de los pueblos y su cultura, de la naturaleza y sus derechos. Otra manera de educarse es posible, que no solo cambia las personas y las organizaciones, sino las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas.

En lo social se aprende a vivir juntos, a organizarse, a preocuparse por el otro y por el bien común de todos los vecinos. Retrocede el individualismo del ‘¡sálvese quien pueda!’ y del egoísmo perverso ‘¡primero yo, segundo yo y tercero yo!’.

En lo económico se aprende que todos tenemos derechos a los bienes y riquezas de un país, porque estas provienen primero del trabajo humano. Todos tenemos derecho a satisfacer las necesidades básicas de nuestra familia. Eso se logra mediante el compartir equitativo: cada uno recibe según sus necesidades y no según la ambición de tener siempre más y más a costa de los demás.

En lo político se aprende a participar, a pensar, a tener voz y voto, a decidir sobre lo que cambia nuestro vivir y convivir. Se deja de ser ignorantes y borregos, o de esperar salvadores que terminan dejándonos y dejando el país más peor que nunca en manos de unos pocos ricachones.

En lo cultural se aprende que todos valemos, que todos tenemos sabiduría suficiente para vivir bien con los demás y la naturaleza. En este nuestro país multicultural y pluriétnico, ¡cuánto perdemos al pensar que unos cuantos, más blancos y descoloridos, valen más que los demás! Perdemos las riquezas de las culturas indígenas, negras y montuvias, como también las riquezas de la cultura urbana que construyen los jóvenes que asumen los valores de sus antepasados, enfrentan los retos del presente y construyen la nueva cultura que nos integra a todas y todos.

En lo religioso se aprende a valorar todas las religiones cuando se ponen al servicio del ‘desarrollo solidario’ y del bien común, porque el mejor culto a Dios es formar un pueblo fraterno y hermano de los demás pueblos.

Por todas partes la educación se está renovando. Entre las mejores alternativas, los principales actores son los mismos alumnos y el pénsum es la calidad de vida humana, social y planetaria. Lleguemos a ser poco a poco mujeres y varones éticamente renovados al servicio de la vida, la fraternidad y la justicia. (O)

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