¿Dónde está la izquierda?

- 24 de febrero de 2017 - 00:00

No es muy difícil entender cómo Lenín Moreno obtuvo casi el 40% de los votos válidos. En la última década, la estabilidad de Alianza PAIS como movimiento y partido le ha permitido crear vínculos de identificación con una base de votantes que los tendrá por muchos años más. Los ‘borregos’, como los identifican aquellos que gritan ‘democracia’ mientras un ex Izquierda Democrática busca que Quito ‘arda’ a favor del representante político de la oligarquía financiera nacional. Somos, a la vez, un país con todavía marcadas y profundas desigualdades sociales donde el votante medio se beneficia de la redistribución de la riqueza.

Es decir, el votante medio es receptor neto de los impuestos que pagamos. La redistribución que se ha logrado con el modelo desarrollista de los últimos años, buena o mala, limitada o amplia, sigue captando apoyo de aquellos que no son ni afiliados ni devotos, pero sí beneficiarios de las estructuras que antes no existían y de los servicios que se han ampliado. Pero estas condiciones tienen un techo. Los escándalos de corrupción, los límites del modelo económico, el distanciamiento y el hostigamiento a las bases sociales, y la severa incapacidad de autocrítica, son los obstáculos que los ha alienado de quienes deberían ser sus aliados naturales, y ha creado una brecha infranqueable con aquellos que están del otro lado. Con la segunda vuelta a dos meses, son muchos los espacios que debe ganar Moreno si quiere llevarse la Presidencia.

En este escenario, lo que más llama la atención es el rol de la izquierda. Y no hablo de Alianza PAIS, hace ya algunos años tirando hacia el centro. Hablo de la izquierda crítica, de la izquierda de bases, de la izquierda intelectual, de los movimientos sociales, de los sindicatos, que no han logrado establecer un discurso común propositivo y colectivo, que les permita recobrar ese espacio ideológico que ha dejado Alianza PAIS después de 10 años de desarrollismo. Sorprende, o a lo mejor no, que Moncayo haya dejado a la suerte el voto de la Izquierda Democrática. Sorprende también que dirigentes del movimiento indígena hayan tomado tan poco tiempo para hacer público su apoyo a Lasso.

Una izquierda mejor organizada y propositiva sería una izquierda capaz de recoger ese voto nulo y voto blanco al que deben hablar Lasso y Moreno, pero en el cual existe rechazo para los dos. Sería una izquierda capaz de establecer una crítica sustantiva a AP que la obligue a regresar, negociar, y replantearse el modelo y la política que están llevando a cabo, y que por falta de esa izquierda se ha movido hacia la derecha. Y en este punto, esa izquierda organizada sería el voto dirimente para la segunda vuelta. Es difícil negociar con un gobierno que se ha mostrado más bien intransigente ante los condicionamientos políticos. Las voces más críticas dentro de Alianza PAIS han salido, mayormente, por el distanciamiento ideológico del proyecto original. Pero esto también es política, y ahora hubiera sido cuándo.  

Pero esta no es tanto una crítica para la izquierda desorganizada o lo que queda de la izquierda organizada. Al final, Alianza PAIS se tomó esos espacios hace 10 años y su transición política ha dejado mucha confusión. Esto es, más que nada, un llamado a la reflexión. Un llamado para evitar caer, tanto en esa posición donde toda crítica a Alianza PAIS es hacerle el juego a la derecha, como en la peligrosa decisión de darle las riendas de este país al mejor representante de la burguesía financiera y del capital.

En este punto, un llamado tardío, pero cuya reflexión será importante para marcar el futuro, inevitable, de la batalla que nos espera los próximos cuatro años. (O)