Viernes, 08 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

Dolorosa y advertida eliminación

Pablo Salgado Jácome

Era una muerte anunciada. Todos los ecuatorianos la veíamos venir. Poco a poco, fecha a fecha, se acercaba con su mortal guadaña. La desconfianza y el pesimismo se fueron apoderando de todos. Hasta que, el pasado martes, Perú nos dio el golpe de gracia. Y todos nos descubrimos huérfanos, sin opción a la alegría y peor a la ilusión por estar en el evento deportivo más importante del planeta.

El fútbol es, de lejos, el deporte rey. El que acapara todas las miradas y sobre el que se tejen los más insospechados intereses particulares y corporativos. Y es también el reflejo de las sociedades. Se juega como se vive, decía Maturana. Y es cierto. Por ello, el  fútbol también cayó en manos de la corrupción y se formaron verdaderas mafias que lucraron y denigraron al más popular de los deportes.

Y esas mafias también llegaron a Ecuador, bajo el manto de la FIFA -esa gran entidad supranacional que se creía intocable- y mancharon nuestro fútbol. Lamentablemente, solo se juzgó -y sentenció- al expresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol -FEF- y a dos de sus ayudantes. Pero en lugar de limpiarlo todo y renovar su cuerpo directivo se ratificó al directorio como si no hubiera pasado nada.

Con la eliminación a las puertas, el actual presidente de la FEF, Carlos Villacís, quiere  la renuncia del entrenador Gustavo Quinteros. Con esta renuncia intenta limpiar sus culpas, cuando en verdad lo que corresponde es que asuma su responsabilidad y su fracaso. Es decir, también renuncie y convoque a elecciones. La gestión de la FEF ha sido de pura ineficiencia. Un campeonato nacional cada vez más mediocre y poco atractivo, con los estadios casi vacíos. Equipos ‘profesionales’ que no tienen médicos y que maquillan los roles de pago para ocultar las deudas a sus jugadores. En tantos años la FEF no ha podido erradicar la corrupción en las divisiones formativas; falsificaciones de documentos de identidad es lo más común. Un sistema de arbitraje precario y un buen número de directivos sin formación ni conocimientos de administración deportiva que terminan quebrando a los clubes.

Ya es hora de una renovación en la FEF. Ya es hora de instalar la planificación, reorganizar la estructura del fútbol nacional y modernizarlo a través de la creación de una liga profesional; los clubes deben transformarse en estructuras empresariales con directivos preparados y capacitados. El fútbol es también un negocio obsceno. Basta ver lo sucedido con las últimas transferencias de jugadores. Por Neymar -traspasado del Barcelona al París Saint Germain- se ha pagado la inimaginable cantidad de $ 222 millones. Y por Mbappé -del Mónaco al París Saint Germain- $ 195 millones. Por supuesto que es obsceno y grosero. Y no se compadece con la crisis global y menos con las necesidades de la mayoría de la población del mundo.

En el caso del fútbol ecuatoriano, el fracaso de la selección refleja también la mediocridad de una buena parte del periodismo deportivo. Como se denunció oportunamente, cierto periodismo fue cooptado con prebendas, viajes y privilegios. Y ahora, ante la eliminación, los periodistas convertidos en hinchas y fanáticos desatan una ola de insultos y ataques, sin la más mínima capacidad de análisis y peor de reflexiones técnicas. Por el contrario, intentan revivir el regionalismo y lo único que se les ocurre promover es que la sede de los partidos de las eliminatorias vuelva a Guayaquil.

Ecuador no es precisamente un país que ha aprendido de sus fracasos. Pero ya es hora de cimentar nuestros triunfos -cotidianos y deportivos- en la planificación, la preparación técnica y la disciplina. Y por supuesto, en la confianza y la fe en nosotros mismos.

Los triunfos de la selección unieron a todos los ecuatorianos. Que su fracaso no nos confronte ni nos divida. (O)

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