Desafíos para Lenín

- 06 de abril de 2017 - 00:00

El soberbio banquero se hallaba pintando pajaritos en el cielo de sus ilusiones políticas, cuando el martes 4 de abril vino el alcalde Nebot, le quitó la escalera y lo dejó colgado de la brocha. De nada le sirvió al banquero el pacto efectuado dos meses antes, en la primera vuelta electoral -19 de febrero-, para que la significativa votación alcanzada por Cynthia Viteri le fuera endosada por disposición del Alcalde a favor de Guillermo Lasso, el banquero de marras, para la segunda vuelta. La votación mayoritaria del pueblo favoreció a Lenín Moreno, quien fue proclamado triunfador por el Consejo Nacional Electoral, mientras Andrés Páez daba furiosas pataletas llamando a los suyos a una guerra política total contra el candidato victorioso y su compañero Jorge Glas.

La fórmula aplicada es la misma de la derecha venezolana: calentamiento de las cabezas, primero, y luego calentamiento de las calles, con la destrucción, los incendios y los cadáveres del caso. Claro, esa es la fórmula, acompañada de una táctica perversa: ni gobernamos ni dejaremos gobernar. Solo que aquí hay un pueblo que ha hecho suyos los postulados de la Revolución Ciudadana, reconoce los logros y beneficios de esta y se halla lejos de desearle el infierno al ‘correísmo’ y su máximo líder. Un pueblo que en esta última década ha vivido y aprendido a vivir en democracia, aunque esta tenga numerosos baches y limitaciones.

Desde luego, el camino para el nuevo mandatario no está sembrado de rosas y presenta grandes y numerosos desafíos, entre los cuales se cuentan los siguientes: desterrar el sectarismo posesionado en planos de dirección y militancia de Alianza PAIS, que esta ocasión, igual que en las últimas elecciones municipales, alejó a grandes sectores de simpatizantes y permitió la consolidación y nuevos avances de la derecha. Esto le obliga a Lenín Moreno a reconocer que su histórico triunfo no se lo debe únicamente a Alianza PAIS, sino también a otras fuerzas y organizaciones afines, grandes o pequeñas, nacionales o locales, que pusieron todo empeño y no pocos sacrificios para llegar al final victorioso.

Esto, a la vez, entraña la necesidad de que estas fuerzas fraternas sean tomadas en cuenta o, al menos, consultadas para la conformación del nuevo gobierno, pues de otro modo podrían imponerse el consabido reciclaje de figuras oficiales, el amiguismo y los lazos familiares, que muchas veces resultan ser sogas para ahorcarse. Por otro lado, se impone la urgencia de impulsar postulados que han sido postergados u olvidados, como la Revolución Agraria, que exige extirpar definitivamente el antiguo o nuevo latifundismo; crear toda clase de incentivos para el desarrollo y el retorno al campo, incluida la colocación de los auténticos representantes del sector -indígenas, montuvios, cholos, pequeños y medianos agricultores- en los mandos de las transformaciones del campo. Esto significa, a la vez, superar los estrechos límites de la tecnocracia y la burocracia.

Por otra parte, se impone que desde el inicio el nuevo gobierno lleve a la práctica, sin dilación ni contemplaciones, el principio repetidamente sostenido por Lenín en la campaña: combatir la corrupción de hoy y de ayer, lo que significa crear un sistema de información, vigilancia y direccionamiento oficial transparente y confiable adjunto a la Presidencia, sin perjuicio de las atribuciones propias del control, el sistema judicial y la Fiscalía del Estado. Solo así se sentarán las bases de una nueva moral ciudadana y se afirmará la confianza del pueblo, especialmente de los pobres y marginados de siempre. He allí unos cuantos desafíos que tiene por delante el flamante abanderado del nuevo capítulo de la Revolución Ciudadana. (O)

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