Viernes, 18 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

¿Democracia?

*Fernando Falconí Calles

Hay que formularse esta pregunta porque hay cosas que son difíciles de entender para el común de los mortales. El último proceso que enfrentó a la señora Clinton con el señor Trump deja claro que existen contradicciones. Los votos populares, es decir los votos de los ciudadanos(as) fueron más para la candidata del Partido Demócrata.

En efecto, la señora Clinton obtuvo 61’318.162; Trump, 60’548.308. Diferencia: 776.854. Sin embargo, Donald Trump alcanzó 306 votos electorales, frente a 232 de Clinton. Bajo este sistema, confuso por donde se lo vea, con 270 votos del Colegio Electoral se obtiene la presidencia. Se trata de una elección indirecta porque el votante elige a los representantes del Colegio Electoral y no al candidato(a) de su preferencia. ¡Vaya enredo!

Según las reglas vigentes, si en el estado X salió triunfador Trump por escaso margen sobre la señora Clinton,  el ganador ‘se lo lleva todo’. Otro asunto que llama la atención es que los miembros del Colegio Electoral no están obligados a votar según la voluntad de los ciudadanos que representan. ¡Curiosa democracia! Según la Constitución estadounidense, el Colegio Electoral se reserva el derecho de confirmar al ganador o ganadora. Esto quiere decir que si el ganador(a) no reúne los requisitos que los miembros de dicho cuerpo colegiado consideren indispensables, podrían declarar al ganador perdedor o viceversa. ¡Qué lío!

El asunto de fondo es que el Partido Demócrata tomó como ideología el neoliberalismo; lejanos están aquellos días en que el presidente Franklin D. Roosevelt presentaba al Partido Demócrata como el representante del ‘pueblo llano’, frente al Partido Republicano, que no era otra cosa que el instrumento político de los grandes empresarios.

Las políticas neoliberales se aplicaron durante la administración del demócrata Bill Clinton; como consecuencia, el Estado de bienestar del que se beneficiaron hace años las mayorías estadounidenses se esfumó. Luego de ocho años de administración del demócrata Obama, hay millones de desempleados; ciudades que otrora fueron grandes centros industriales, hoy forman el denominado ‘cinturón del óxido’. Millones de ciudadanos(as) no tienen cobertura médica; hay serios problemas de infraestructura sanitaria; en fin, el otrora poderoso país actualmente se parece -en algunos indicadores- a uno en ‘vías de desarrollo’.

Demócratas y republicanos -que hoy por hoy son la misma cosa- responden a organizaciones transnacionales como el Club Bilderberg que mutó al Club de Davos, denominado también Foro Económico Mundial, que se reúne anualmente en Suiza. Allí las poderosas corporaciones se reparten poder y utilidades en todo el planeta.

No hay que olvidar que, como Secretaria de Estado, la señora Hillary Clinton respaldó la intervención militar estadounidense en Afganistán, Libia y Siria; en América del Sur se esforzó por maquillar de ‘transición democrática’ los golpes de Estado en Honduras y Paraguay.

El sistema imperial está en decadencia. Actualmente, valores como democracia y libertad no son practicados por las cúpulas demócratas y republicanas. El sistema no da para más.  

El discurso amenazante del candidato ganador -quien todavía oficialmente no ha sido confirmado en el cargo- hace indispensable que la unidad de los pueblos que forman parte de la Unasur y la Celac se fortalezca. (O)

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