Del golpe blando al golpe de Estado

- 14 de junio de 2017 - 00:00

La semiótica callejera de la oposición venezolana precisa sus certezas y gambetea cualquier duda sobre sus designios. Semiótica en aquello que se comprende leyendo a Umberto Eco: significación y comunicación. Ahora el eco cimarrón: la significación no son los gritos del silencio de quienes siempre hablaron fuerte y claro sobre sus intenciones, ahora mediante cruces feudales del medioevo europeo (signos), mejor dicho, las rentas petroleras apropiadas como antes del ascenso chavista. O sea, una contrarrevolución para retornar a un imposible de distribución social. Y la comunicación es la ‘producción física’ de expresiones y acciones para los fines concernientes, sin más vuelo teórico, el mensaje de impacto en el cacumen popular. De ahí linchamientos de afrovenezolanos, asesinatos de líderes chavistas, mujeres y hombres, si su apariencia ‘delata’ su afinidad.

Del golpe blando de Gene Sharp se avanza, a pasos torpes y trágicos, a la técnica del golpe de Estado, de Curzio Malaparte, cosechando del cansancio y hastío en la gente venezolana. Esta psiquis popular de carambola impacta en las magistraturas estatales, intenta neutralizar el chavismo pasivo y produciría cabreo en las fuerzas de seguridad. El gran ensayo de los primeros meses de 2014, fue ‘La salida’, una operación maquiavélica perfecta: “…un príncipe necesita contar con la amistad del pueblo, pues de lo contrario no tiene remedio en la adversidad” (El Príncipe, Nicolás Maquiavelo, edición electrónica de la Escuela de Filosofía Arcis, p. 26). El triunfo electoral, por una diferencia considerada mínima, sirvió de estrategia para empujar esa ‘enemistad’ del pueblo con el presidente Nicolás Maduro. La oposición encontró el arma deseada: derrumbar el abastecimiento de una docena de productos básicos. Para su suerte se hace con empresas privadas. El fervor favorable se aguanta con aquello que hay en el estómago.

Antes de 2013 no había problemas de provisión de alimentos y otros artículos, la oposición mutante confiaba en derrotar al chavismo por el apoyo en las urnas y el sonado triunfo de las legislativas de diciembre de 2015 abanicó esperanzas y fue cuando devoraron ansias. La salida, entonces, fue el atajo ilegal: tumbar al Gobierno legítimo con medios fraudulentos. La oposición mudó de una actitud política en unos límites constitucionales a política sin esos límites. Cambiaron significación y comunicación hacia la devastación, no importa si es física (bienes públicos o privados) y emocionales (psicosis bélica).

Esta contrarrevolución sí es mediatizada, demasiado bien, tanto que la violencia causada casi siempre por la oposición no es mencionada. Se informa de ‘muertos’ sin mencionar a los causantes, salvo si está involucrado algún organismo de seguridad del Estado. La incineración de afrovenezolanos o la eliminación de personas por sospecha de chavistas no son noticias de las cadenas internacionales de medios televisivos, radiales y escritos. (O)