Debate político permanente

| 01 de Febrero de 2017 - 00:00

La lucha política entre las fuerzas del cambio y las conservadoras ha sido de todos los tiempos. En los procesos electorales algunos la llaman ‘debate’, y sus interesados promotores generalmente están alineados, al igual que los medios que lo publicitan.

Es lo que sucedió con la convocatoria que hizo la Cámara de Comercio de Guayaquil, cuyos dirigentes, como en otros tiempos, están identificados con los candidatos de la banca y oligarquías y han mantenido -al igual que los de otros gremios empresariales, sus analistas y voceros- una beligerante oposición al Gobierno y críticas al proceso político de la Revolución Ciudadana y hasta cierta complicidad con acciones desestabilizadoras y golpistas.

Las preguntas formuladas y la organización de las barras dejaron en evidencia la orientación del mal llamado ‘debate’ en el que Guillermo Lasso y Cynthia Viteri buscaron  sacar ventajas en su afán de lograr un segundo puesto. El candidato que se ubica en el ‘centro’, apoyado por una izquierda ‘radical’, que actúa como ingenua o ‘boba’ y que le hace el juego a la derecha, se quejó amargamente del evento; a los otros candidatos, los del 0,5% al 3%, los invitan de relleno, para aparecer como democráticos; ellos, más que propuestas, formulan cualquier queja contra el Gobierno y el CNE, el cual, a su juicio, organiza un ‘fraude’ en su contra. Tamaña ridiculez.

Lo cierto es que las cartas están jugadas. Lenín Moreno, sin ir a ese ‘debate’-show, resultó ser el ganador y subió puntos en la encuesta, mientras los otros bajan, porque se evidencian el doble discurso y demagogia en sus ‘programas’.

Las cosas están claras, en el proceso electoral que culmina ha habido dos visiones de país; la una, la de las fuerzas del cambio, del progreso, que representan al pueblo y sus intereses, y es consecuente con los grandes objetivos de la patria; la misma que en el proceso de la RC ha logrado recuperar la soberanía y dignidad de la nación, el petróleo y el Estado; y la otra, la de la derecha, la de los residuos de la vieja partidocracia, que entregó el petróleo a las transnacionales; la misma que ha sido derrotada en las 10 últimas elecciones y consultas, en forma consecutiva, y que quiere volver a lo de antes.

La lucha política y consecuente debate se ha dado siempre, en todo momento, y este proceso electoral no ha sido la excepción; el pueblo contra el viejo poder, el pueblo contra las trincas, las masas empobrecidas contra la oligarquía insensible, explotadora, mañosa, sometida al imperio que la protege, financia y organiza, como lo ha hecho en todos los países de América Latina y otros confines.

Los contenidos del ‘debate’ han sido claros; por un lado, defendiendo los avances, logros, conquistas y reformas de la década, en favor de introducir ajustes, acciones, cambios complementarios; de intensificar las políticas sociales redistributivas y cambiar las formas de propiedad, en especial de la tierra rural y urbana, afianzar la soberanía y los procesos de integración; y por otro, criticando el modelo económico del cambio, argumentando la necesidad de retroceder al viejo neoliberalismo o capitalismo de rapiña, a las obritas, ahorritos, engaños y ofertas de la más pura y barata demagogia que no se sabe cómo ni cuándo se cumplirán, como la electricidad gratuita, las autopistas, los bonos, a los que siempre se opusieron, los millones de empleos, el desmantelamiento de los impuestos, del presupuesto y la inversión social, sin decir cómo ni cuándo, menos cuánto y dónde.

En esta posición se encuentran Lasso, Cynthia, Nebot, Noboa, Lucio, ciertos golpistas y traidores, así como uno que otro militar entreguista y, por cierto, los dueños de los grandes medios. (O)