Cuba y la nueva 'Guerra Fría'

| 24 de Junio de 2017 - 00:00

El 16 de junio, en un teatro de Miami y con la custodia del núcleo más reaccionario del exilio cubano, Donald Trump anunció una serie de medidas que anulan el proceso de distensión entre Cuba y Estados Unidos.

Múltiples voces condenan el retorno a la confrontación, ‘muy preocupante’, según el expresidente del gobierno español Rodríguez Zapatero. En realidad, el ‘nuevo trato’ de la administración norteamericana dejó en pie el principal obstáculo para las relaciones normales entre los dos países: el bloqueo que la isla ha soportado desde 1960. Los gobiernos de distinto signo político que se han sucedido en EE.UU., con el propósito de eliminar el proceso revolucionario, han agravado el cerco: a la congelación de activos del Gobierno cubano y la invasión -derrotada- en Playa Girón, sucedieron la ley Torricelli, y en  la administración Clinton, la HelmsBurton, calificada como primera ley transnacional, al sancionar a terceros países por sus intercambios comerciales con Cuba.

Ante el evidente fracaso de políticas destinadas a rendir por hambre al pueblo cubano, en la administración norteamericana anterior se impuso el pragmatismo. Se dieron numerosos pasos, entre ellos la reanudación de las relaciones diplomáticas y, a partir de aquello, incluso la visita del presidente Obama a la isla. Pese a las restricciones que no desaparecieron, se incrementó notablemente el turismo y, para no quedarse atrás, Europa a partir de diciembre del 16, abandonó su ‘posición común’ frente a Cuba, a fin de  aprovechar, aún en forma limitada, las posibilidades de comercio e inversión abiertas.

Con las consabidas acusaciones de violación de los derechos humanos, Trump anunció la restricción de los viajes individuales de norteamericanos  y el establecimiento de mayor vigilancia a quienes lo hagan. Prohibió las relaciones económicas, comerciales y financieras de compañías estadounidenses con empresas cubanas relacionadas con las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior y derogó la Directiva Presidencial  emitida por Obama en octubre de 2016, que reconocía al Gobierno cubano como interlocutor legítimamente constituido.

En sobria y digna respuesta, el canciller cubano Bruno Rodríguez  rechazó tales disposiciones y una vez más estableció la imposibilidad de condicionar el diálogo con su país: “¿Con qué podrían amenazarnos que no hayan hecho ya?”, expresó, entre otras palabras de repudio. Desde intentos de asesinato a Fidel patrocinados por la CIA, hasta la voladura de un avión de pasajeros, secuestro de diplomáticos, introducción de plagas y boicot permanente a sus exportaciones; incentivo a la deserción de sus médicos y estímulo a la migración ilegal, ha debido soportar ese heroico pueblo. Pese a ello y la coyuntura internacional adversa, Cuba ha mantenido invicta su bandera, obteniendo un respaldo creciente a nivel mundial, expresado en las anuales condenas al bloqueo, de la casi totalidad de los países que integran la ONU.

Corresponde, una vez más, el rechazo a una actitud propia de la Guerra Fría y redoblar acciones solidarias con la patria de Martí y Fidel. (O)