Martes, 29 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Cruzada moralizadora

Erika Sylva Charvet

No creo en la cruzada moralizadora del gobierno de Lenín Moreno. Porque una cruzada de esta naturaleza no persigue hacer “el gobierno más honesto de la historia”, como él lo ha proclamado. ¿Quién puede verosímilmente plantearse eso de la mano de los Bucaram, los socialcristianos, las oligarquías y los agentes de las transnacionales? En realidad, se trata de un problema de poder. Ya sea de utilizar el argumento ético para construir nuevas relaciones de poder -como lo planteó la RC en 2007- o para restaurar las antiguas, como parecería ser el caso en 2017.

El sentido de esta cruzada moralizadora se orientaría a revertir las relaciones de poder basadas en la primacía de lo público sobre lo privado que impulsó la RC. Su objetivo: desplazar al Estado de la gestión económica fundamentalmente, porque de lo social puede ocuparse el asistencialismo. En ese marco, se trataría de erradicar del imaginario la Revolución, equiparando su gestión a la de cualquier gobierno oligárquico de la peor calaña, y, por esa vía, naturalizar la corrupción como inherente a la gestión pública, abriendo las puertas del Estado al sector privado.

El que esta inversión de sentido sea comandada desde el propio Palacio de Carondelet, desde donde Moreno participó en el gobierno de Correa durante 10 años, no es casual: es la condena de la tesis de la primacía de lo público desde las propias entrañas de la Revolución. Como tampoco es casual que él mismo haya asumido el expediente de la derecha de convertir al vicepresidente Glas en el blanco de las acusaciones de corrupción pública -sin prueba de delito alguno hasta el momento-, pero que han tenido ya el efecto de paralizar el más importante proyecto de la RC: el cambio de la matriz energética, ¿y acaso de concesionar las hidroeléctricas, como veladamente lo ha sugerido uno de sus ministros?     

Pero para que la destrucción ética y moral de lo público sea efectiva se precisa de su demolición técnica. Y hacia allá también ha enfilado Moreno. El 31 de julio calificó el manejo de la deuda externa de irresponsable, llegando a definirse como el “síndico de una quiebra”. Y 15 días después dijo que “se han hecho mal las cosas” en el proyecto de repotenciación de la Refinería de Esmeraldas. En ambos casos la información fue claramente desmentida evidenciando la dificultad de deslegitimar técnicamente a la RC. Pero estas declaraciones le dieron más alas a la derecha para clamar porque Moreno asuma sus tesis de primacía del mercado sobre el Estado.

En este afán por dividir al mundo en buenos y malos, hace pocos días el Presidente ha sugerido que Correa encarna el mal, al referirse elípticamente a él como “la bestia” del Apocalipsis. Así, al intento por destruir moral y técnicamente a la RC, se suma su destrucción humana. Porque al demonizar a Correa, se deshumaniza todo lo que él representa. Y lo que él representa es la primacía de lo público sobre lo privado, de los derechos sobre el mercado y del ser humano sobre el capital. ¿Hacia esta destrucción se dirige la cruzada moralizadora de Moreno? (O)

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