Miércoles, 02 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Crónica de una transacción anunciada

Fander Falconí

‘Compromise’ en inglés suele traducirse como compromiso. En realidad, se refiere a una transacción, como efecto del verbo transigir, ceder en forma mutua para alcanzar un acuerdo. Las elecciones presidenciales estadounidenses siempre han sido producto de una transacción.

Esta vez, sin embargo, por primera vez en más de 80 años, el progresismo intervino en la transacción. En 1933 llegó a la presidencia Franklin D. Roosevelt con un programa de gobierno tibiamente progresista, gracias a la transacción entre los trabajadores y una clase media venida a menos, desde la gran depresión de 1929. En 2017, según muchos predicen, llegará a la presidencia Hillary Clinton (a pesar de la investigación del FBI sobre sus correos electrónicos), debido a la transacción entre la mayoría de la clase media y los trabajadores, incluyendo a millones de seguidores del progresista Bernie Sanders y a votantes republicanos, que están transigiendo al apoyar a Clinton.

Pero, ¿por qué Donald Trump tiene aún tan alta votación? Según Joseph Stiglitz, en un artículo (’How Trump Happened’) en Proyect Syndicate, la economía de muchos americanos está peor que medio siglo atrás y hay una falta de confianza en el Gobierno. Así, Trump tiene una audiencia receptiva, a pesar de que sus propuestas (como los recortes a los impuestos) tiendan a favorecer a los más ricos y a las grandes corporaciones.

Esta vez, en mi opinión, no une a la mayoría de los electores el deseo de salvar a un país arruinado como en 1933, sino de evitar que Estados Unidos sea gobernado por Trump, un millonario mediocre de corte fascista. Y si Roosevelt dijo en 1933 que no había nada que temer, excepto al mismo temor, en 2016 el miedo dominante es a Trump.

No solo por sus expresiones y actos denigrantes contra los migrantes y contra las mujeres. Hace poco, el ultraderechista Trump se rasgó las vestiduras al conocerse que Hillary padecía de neumonía. ¿Debería importar eso?

F.D. Roosevelt dirigió a Estados Unidos en la II Guerra Mundial, desde una silla de ruedas. Además, en la mayoría de casos la neumonía se cura con antibióticos. En cambio, para la alarmante testarudez (que raya en la estupidez) de Trump no existen fármacos.      

Si ganara Trump estas elecciones, ¿acaso veríamos portaaviones estadounidenses frente a las costas de la región? Es probable, recordando la invasión a Panamá hace menos de 30 años. En otros temas también se vería afectada Latinoamérica. Estados Unidos perseguiría con mayor dureza a los inmigrantes ‘ilegales’. Estados Unidos dejaría de participar en reuniones internacionales sobre el calentamiento global, pues Trump cree que nos estamos congelando. Un gobierno suyo sería una pesadilla.

Si gana Clinton, y se da la transacción anunciada, en términos teóricos la relación Estados Unidos-Latinoamérica seguiría siendo la misma. Obama dio un paso importante al normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba, aunque no ha terminado el inhumano bloqueo económico. Pero si los partidarios de Bernie Sanders logran una buena representación en el Capitolio, quizá cambie un poco la actitud agresiva hacia Latinoamérica. Entonces la transacción podría favorecernos. ¡Qué optimismo! (O)

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