Crónica de una recesión anunciada

- 19 de septiembre de 2016 - 00:00

El país retoma la senda del crecimiento a partir de 2008 pero, dada la crisis financiera mundial, en el 2009 apenas crece, recuperó el dinamismo en el siguiente año, llegando a su pico más alto en 2011 pero después comienza a reducirse su ritmo hasta que, en 2015, solo crecimos 0,2%. Los shocks externos afectan a la economía. El fuerte ritmo de crecimiento del Ecuador se basó en el alto precio de las materias primas (incluido petróleo) y el gasto e inversión pública.

Desde el III T de 2014, los precios del petróleo comenzaron a caer y junto con otros shocks externos (apreciación del dólar y otros) impactaron en la economía. Las autoridades tomaron medidas para enfrentar el déficit comercial y, aunque se ajustó el gasto público, la brecha fiscal siguió elevada y surgieron los atrasos fiscales. Para agravar la situación, en abril de este año se produjo el terremoto que agudizó aún más la economía.

El BCE finalmente reconoció el inicio de la recesión, en 2016, con una contracción de -1,7% y aumento del desempleo. En mi artículo de marzo/16 ya había anticipado el decrecimiento. Aunque el FMI, en su proyección reelaborada prevé -2,3% y la Cepal -2,5%.

El decrecimiento, según el BCE, sería por una demanda agregada de -6%, que se daría por la contracción del consumo de las familias (-2%), del sector público (-2,6%), inversión (-9,8%) y exportaciones (-8,2%). La mayor caída es en la inversión, que también pronostiqué. Parece haber signos de deflación.

El BCE, señala que, en 2016, el sector no petrolero caería -2,6% y el petrolero crecería 0,8%. Las principales actividades económicas como la agricultura, pesca y acuacultura; manufactura y construcción se contraerían generando desempleo, que en el II T ya fue 6,6% y la inflación 1,4% (agosto).

El gobierno busca inyectar liquidez, vía créditos externos e internos, para contrarrestar el encogimiento económico y atrasos. Por la menor demanda mundial, terremoto y la baja de los precios de materias primas las exportaciones caerán. Las salvaguardias se reducen levemente, por el acuerdo comercial con la UE, pero el FMI pronostica un déficit en Cta. Cte de 2,3%. Aun con las medidas fiscales temporales, por el sismo, el déficit fiscal es alto, pues no se toman medidas estructurales.

En mi artículo de agosto/16 expresé “En 2016, los efectos económicos de la reconstrucción de las zonas afectadas no compensarían la recesión, la contracción económica, el déficit fiscal, entre otros., aunque la inflación será baja. Probablemente seguirá el superávit comercial, si crece la demanda externa. Los atrasos a proveedores continuarán y, dada la época electoral se aplazarán algunas decisiones de inversión, con aumento de los índices de desempleo y subempleo.

El panorama se ve complicado e impreciso siquiera hasta fines del próximo año. La incertidumbre alienta las expectativas pesimistas que afectan a la economía.” Preocupa el informe presentado por el  FMI que prevé como riesgos la continuación de la recesión, déficit (2016) y sostenibilidad fiscal, desequilibrio externo. Sea de derecha o de izquierda, al nuevo gobierno le tocará aplicar el ajuste. (O)