Cosechando en Alianza PAIS

- 14 de Julio de 2017 - 00:00

Lo que está cosechando AP son diez años de una cultura democrática bastante pobre y una excesiva centralización de la toma de decisiones. La línea ideológica y, por ende, la visión programática parecen ser más el reflejo de la imposición de una facción, que el resultado de un proceso de discusión, debate y consenso a la interna. Hay ‘correístas’ y ‘leninistas’, pero poco se habla sobre ‘gente de AP’. La disputa entre la defensa de una gestión de diez años y el alejamiento de ella parece más una pelea sentimental que el amplio debate que se debió generar y, con este, nuevas posiciones como partido.  

Puede también ser el reflejo de una pobre cultura democrática más amplia, de partidos jóvenes y procesos nuevos. Pensar que esta es la primera transición democrática en muchas décadas donde se reelige al partido, y no al Presidente. No están establecidos los comportamientos ni las interacciones. Puede que Correa, el ciudadano, tenga mucho que criticar y mucho de lo que quejarse del rumbo que está tomando el Gobierno actual, pero Correa nunca será solo ‘un ciudadano’. El estadista, el que se va, es quien debe irse callado. Es, además, quien tuvo diez años para encaminar un proceso y para fortalecer un movimiento y resulta extraño que sea el mismo que ahora se esté quejando de los rumbos que está tomando.

Especialmente porque Correa se caracterizó por un gobierno donde la toma de decisiones se centró sobremanera en la Presidencia. Una característica que se puede extender a la toma de decisiones a la interna de AP. No cabe que sea el propio Correa quien denuncie el producto de diez años de este estilo de gobierno. Un gobierno donde la persona tiene más peso que el movimiento y donde, según Correa, se pueden dar estas traiciones a lo construido en la última década.

Esta idea de a quién debe responder el movimiento, y de cómo se debe conformar el plan político del movimiento, es consecuencia de no haber institucionalizado la política de AP, sino institucionalizado los nombres dentro de AP. El mejor ejemplo de esto viene del propio Correa, cuya respuesta a los desaires de Moreno no son replantear un debate a la interna, sino en la amenaza de dejar el partido. Uno debe preguntarse cómo en menos de dos meses de gobierno se pueda cambiar tan profunda y radicalmente un partido y un proyecto político que viene asentándose por diez años. Y cuánta culpa tiene quien lideró y presidió ese partido y ese proyecto por diez años.

Con Correa en Bélgica, y con él su poder, veamos si AP logra replantearse estas diferencias a la interna. Al final, hay mucho por criticar y discutir sobre lo que Moreno ha hecho en estos dos meses (y mucho de las incógnitas que quedan por no saber qué va a hacer en los próximos dos), y profundizar en las fracciones entorpece este debate.

El estado de lo actual termina funcionando en contra de los propios intereses (muchos conjuntos) de las fracciones de AP, que, de seguir así, terminarán compitiendo por los mismos espacios electorales, perdiendo, ahí sí, ‘todo lo ganado’. Es lo mismo de lo que Correa se burlaba cuando se refería de las fracciones a la interna de la ‘oposición’. (O)