Martes, 25 Abril 2017 00:00 Columnistas

Corrupción de cuello blanco

Gustavo Pérez Ramírez

La corrupción se da de múltiples formas, entre otras, cuando se pretende  llegar al poder político a la fuerza, a base de mentiras, violencia callejera, calumnias, falsos rumores, compra de votos, en perjuicio de la gobernabilidad y de la paz ciudadana. Aquí, me refiero al abuso de una posición de poder para beneficio personal en detrimento del interés general, conocido como  corrupción de cuello blanco, que pervierte generalmente a miembros de la clase alta y media, especialmente viral entre ciertos politiqueros, hoy verdadera pandemia. Se mide en millones de dólares, y en ciertas culturas se la considera más una destreza que una infracción a la moralidad y legalidad.

Ya los romanos señalaban que la corrupción del mejor es la pésima, corruptio optimi, pessima.

Traté de encontrar una imagen que ayude a entender la dimensión y gravedad del problema que implica la corrupción en general. La caricatura es la más utilizada y abunda, grotesca y vergonzosa. Sin embargo, y paradójicamente, descubrí los rasgos  presentes en la corrupción en el elemento más diáfano y transparente de la naturaleza, el agua, en sus características de ubicuidad, estados sólido, líquido, vapor y, sobre todo, en la facilidad con que una corriente diáfana, pura y cristalina, al ir mezclándose con aguas turbulentas, se va enturbiando y tomando fuerza incontenible, que lo destruye todo a su paso, como lo vimos en Colombia y Perú recientemente.

En efecto, el agua cubre de océanos el 71% de la superficie de la corteza terrestre, lo que hace pensar en la omnipresencia de la corrupción. En algunos países o regiones se puede hablar de corrupción sólida, porque se la considera una habilidad y permanece impune; en otros fluye como los ríos de aguas turbias, imperturbable; el estado vaporoso es al que más se recurre para mantenerla oculta.

Actualmente, a nivel global, la corrupción generada por los sobornos institucionales de Odebrecht, que ascienden a $ 788 millones en 12 países, deja  desastrosas consecuencias, e inquietantes y vergonzosas situaciones políticas.

Sin embargo, no es un fenómeno exclusivo de nuestros días ni de ayer, viene desde los albores de la civilización. No por ello menos alarmante, sino más esclarecedor, en la medida en que se adelantan investigaciones rigurosas y se encuentran los culpables, evidenciando la gravedad de los sobornos y cohechos contra la sociedad.

La historia tiene registrados casos de corrupción ocurridos milenios ha. En un papiro que data del siglo XII a.C., ha quedado consignado un acto específico de corrupción en Egipto, durante el reinado de Ramsés IX (1142-1123 a.C.). Un funcionario del faraón se vio en aprietos por haber denunciado negocios sucios de otro funcionario que se había asociado con profanadores de tumbas para hacerse de la vista gorda en los robos a las tumbas, obteniendo sustanciales ganancias.

Lo cita Juan Roberto Zavala, quien sostiene que las decisiones sobre el reparto del poder y de la riqueza han sido influidas, a través de la historia, no por una competencia equitativa, no por un anhelo de bienestar general, sino por una forma de vida en la que los propios intereses están por encima del crecimiento y la prosperidad de todos. (O)

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