Columnista invitado

Corbyn dijo que está en la antesala del gobierno

| 29 de Septiembre de 2017 - 00:00

La política es impredecible en Reino Unido, Argentina o cualquier democracia, central o periférica. A 5 meses de ser ninguneado de cara a las elecciones de junio que anticipaban una victoria demoledora de los conservadores, el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fue coreado ayer como una estrella de rock y se presentó con incuestionable credibilidad como el próximo primer ministro en el Congreso Anual del Partido Laborista celebrado en Brigton. “Estamos en la antesala del gobierno. Hay un nuevo consenso que surgió del crash de 2008 y años de austeridad. Este año, 2017, es el año en el que la política finalmente sintonizó con lo sucedido en la economía de 2008. Nosotros hoy somos el consenso”, dijo Corbyn a una audiencia que explotaba en aplausos permanentes.

Con el gobierno conservador desorientado y profundamente dividido por el Brexit, con una economía que está sintiendo el impacto de la lenta, negociada ruptura con la Unión Europea (UE), con la caída de la libra y el aumento de la inflación, con salarios congelados y atentados terroristas, con el incendio de la Torre de Grenfell en junio que mostró las profundas fisuras de la sociedad, Corbyn prometió un país “for the many and not the few” al fin de un discurso que terminó con los cientos de delegados de pie cantando “Power to the people”.

Denostado durante los más de 30 años en que fue un parlamentario de la izquierda laborista, perseguido mediáticamente desde que fue electo líder del partido en 2014, Corbyn hoy es mucho más popular que la primera ministra Theresa May, parangón hasta mayo de eficiencia y previsibilidad. Y no es solo Corbyn. El laborismo ha consolidado desde las elecciones de junio unos 4 puntos de ventaja en las encuestas sobre los conservadores, algo que apenas sorprende en la dinámica diaria que el Brexit le ha impuesto a la política británica.

En todos estos puntos el partido de Corbyn, hasta hace poco pintado como la izquierda dura británica, está mucho más cerca de los empresarios y la city (y los sindicatos) que los conservadores. Las diferencias que existen respecto a la UE en el interior del partido son más estratégicas. Los blairistas buscan volver al statu quo previo o a un Brexit tan soft que resulte casi idéntico al que existía antes del referéndum. Corbyn y su portavoz en economía y virtual número 2, John Mc Donnell, apoyan la agenda social de la UE y la unidad transeuropea como contrapeso a EE.UU. y China, pero tienen reservas a la agenda neoliberal que se ha filtrado en la UE desde fines de los 80. Esta agenda podría ser un obstáculo para el estímulo fiscal y el intervencionismo estatal que propugna el corbynismo, pero por el momento, pertenece a un futuro lejano: el presente es el poder.

Críticos como la periodista Polly Toynbee, nieta de uno de los máximos historiadores británicos del siglo XX, autora de varios libros sobre la situación social en Reino Unido y perteneciente a una escisión por derecha del laborismo en la época de Thatcher, simboliza este cambio de opinión que hay dentro del partido y en algunos sectores a nivel nacional sobre Corbyn. “Nadie puede predecir nada hoy en día. Corbyn puede ser primer ministro el año próximo, en 5 años o nunca.

El desastre del Brexit y su impacto político y económico es igualmente imprevisible. Pero el laborismo gana credibilidad día a día, su equipo dirigente es impecable y se nota también en el desempeño de alcaldes y jefes municipales laboristas en comparación con los conservadores de Kensington y Chelsea. Aun así, la dura verdad es que la suerte del laborismo depende menos de su propio talento que de la impredecible fortuna e irracionalidad antieuropea del caótico partido que hoy gobierna el país”, señaló Toynbee en The Guardian. (O)

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