Miércoles, 20 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

"Continuidad del poder negro" (I)

Juan Montaño Escobar

Para el día que el cimarronismo aceptó que su comandancia era persuasiva, su prestigio como estratega militar y su liderazgo político no estaban en discusión. Carlos Concha Torres. Fue militar hecho en acciones bélicas, pertenecía a la conducción partidista liberal y era opositor al gobierno de Leonidas Plaza Gutiérrez.

Los historiadores impusieron por racismo epistemológico, principios ideológicos de la sociedad dominante, estrechez cognoscitiva (linealidad y uniformidad analítica) y cuentan con la repetición obstinada de ciertos grupos sociales e intelectuales. La llaman “guerra de Concha” o “revolución de Concha”. Comenzó el 24 de septiembre de 1913 y ha sido la guerra más larga y costosa de la República del Ecuador, pero el prócer hacendado no tiene más responsabilidad (ni siquiera es culpable) que la de aquellos que bajaron de Wimbí, Cachaví o vinieron cruzando la raya (frontera colombo-ecuatoriana).

Por Dios, de una vez entiendan, esa guerra civil no fue “para vengar a Eloy Alfaro” ni desenlace de veleidades conchistas. Los designios fueron legítimos en el contexto histórico unos derechos sociales reclamados (laborales y políticos), en la geopolítica de ese período inconcluso de las luchas liberacionistas de la gente negra y en unos intercambios informativos sobre acciones afroamericanas emancipatorias en diferentes países del continente (Esmeraldas tenía un puerto muy movido). Esos designios causales fueron la esclavización sin término aunque aceptada, en dudosa legalidad, como concertaje y la recuperación del liberalismo más progresista (alfarista).

La voluntad de vida (Enrique Dussel dixit) demanda, en ciertos momentos claves de la existencia, la fuerza física para su cumplimiento a plenitud. “La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza (JME) que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”, De la guerra, Karl von Clausewitz, editado por LIBRO dot.com, p. 7.  

Este jazzman no desea embolatar con juego de palabras, para nada, eso fue confrontación de designios y urgencias entre la sociedad dominante (o de la colonialidad) y el pueblo de origen africano (afrodescendencia). Así pues, la historiografía al uso (y abuso) insiste en palabrear y enseñar acerca de la ‘esclavitud’ de gente negra, mientras el pensamiento crítico prefiere enfocarse en aquello que fue: ‘esclavización’. El privilegio racializado epistemológico (origen y uso de conocimientos y saberes) se empecina en la esclavitud (perennidad sistémica) y la epistemología de la liberación explica: proceso de esclavización (perentoriedad en los propósitos de libertad). El Decenio Internacional de los Afrodescendientes es consecuencia de lo último y atención a lo primero.

Xavier Vera, en línea investigadora de la memoria colectiva, tuvo la paciencia de escuchar por días y noches a abuelos y abuelas (habría que decir perpetuos bisabuelos, mujeres y hombres), ninguno se proclamó “conchista” y sí combatientes por ‘tierra y libertad’. (O)

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