Martes, 29 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Conflicto y paz, conceptos por ajustar a la realidad

Gustavo Pérez Ramírez

Celebramos la firma ‘definitiva’ del nuevo acuerdo entre el Gobierno y las FARC, que tuvo lugar en el teatro Colón de Bogotá el 24 de noviembre, pero solo como un paso adelante, si bien logro titánico, que compromete a las dos partes a la reconciliación nacional y a la construcción de un nuevo país. Esperamos que el Congreso refrende el acuerdo sin enredarse en politiquerías.

Sin embargo, la solución del conflicto, cuya connotación no es unívoca, está lejos; por ahora solo se logrará el fin del conflicto de cincuenta años con una de las insurgencias.

El conflicto es múltiple e interrelacionado, la violencia estatal engendró los conflictos armados; los hay también motivados por el racismo, el machismo, las ideologías, la religión, en fin, es una cadena, no un conflicto. Queda el conflicto con el ELN, el ELP, con disidencias de las FARC, y con paramilitares, narcoterroristas, grupos criminales, etc., además de los conflictos que se originan en la corrupción. Asimismo, quedan serios puntos de desacuerdo, por ignorarse las víctimas del gaitanismo, memoricidio con el que se pretende borrar la memoria histórica de todo lo ocurrido antes de Marquetalia. ¡Cuán alejado de la realidad es pretender que habrá paz generalizada porque se firmaron unos acuerdos con uno de los grupos armados!

La paz, por su parte, es un concepto exigente, que no se reduce a ausencia de armas; no es la paz, sino la justicia la que nos devolverá la tranquilidad; la paz está intrínsecamente ligada con la justicia social, la verdad y la equidad. En la actualidad la paz solo significa el silencio de las armas. El concepto de paz ha perdido vigencia, porque no se la asocia con justicia, sino con la firma de un acuerdo, que está impugnado por la extrema derecha.

El país está advertido de que el uribismo ha decidido  obstaculizar la puesta en marcha del nuevo acuerdo de paz. Lo confirma el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien ha destapado las cartas: “El Centro Democrático busca hacer de su oposición a la paz con las FARC su bandera de campaña en los comicios presidenciales de 2018”.

Mientras tanto, el país sigue sumido en la incertidumbre y en grave peligro el silencio de las armas pactado con las FARC. “No más asesinatos de dirigentes sindicales y populares, de reclamantes de tierra, de activistas sociales, de opositores políticos de izquierda”, pidió ‘Timochenko’ en su discurso, requiriendo del Gobierno que dé respuesta efectiva a esta problemática. ¿Quién podrá convencer a Uribe que la exigua victoria del No en el plebiscito no le da fundamento para su comportamiento hegemónico, que pretende  llevar al país nuevamente a la dinámica de la guerra?

Una paz sustentable, insisto,  no se logrará solo con acuerdos con los insurgentes armados, sino fundamentalmente erradicando la corrupción, causante de una sociedad tan inequitativa que se quiso eliminar por la vía armada.

La justicia y la equidad es lo más importante para la nación, más que la paz, que es una secuela. (O)

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