Martes, 12 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

Cómo incrementar el reciclaje en Quito

Gustavo Pérez Ramírez

Por Metro Ecuador, que cumple 15 años de exitosa labor informativa, me enteré de que se busca implantar tecnología de punta “para que Quito sea un modelo de sostenibilidad en la región” en cuanto a reciclaje. Es un emprendimiento de la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs) que  pone sus prioridades en el desarrollo de la matriz productiva-tecnológica, cuando el cambio de la matriz cultural debería recibir, al menos, igual atención. Pero antes de explicar mi punto, veamos el contexto de la noticia, que hace aún más urgente apelar al cambio cultural.

El Distrito Metropolitano de Quito tiene un potencial reciclable de 24% de los residuos que se generan, y actualmente solo recupera el 1,5%. Es por esto que Emgirs busca un socio estratégico para el desarrollo del proyecto ‘Nueva Estación de Transferencia Norte y Planta de Separación Sur del Distrito Metropolitano de Quito’, con el cual se empeña en recuperar entre el 15% y el 20% del material reciclable, convirtiendo a Quito en la ciudad con mayor volumen de residuos reutilizados a nivel nacional. Para lograr este objetivo, se buscan socios estratégicos de la empresa privada, que inviertan un estimado de entre $ 20 y $ 25 millones.

Dos comentarios. 1. Peligrosa estrategia hacia la privatización de la basura. Los empresarios privados querrán recuperar con creces su inversión de la basura misma, que es bien público. Esto acabaría con meritorias vidas de gestores ambientales, que en vez de encontrar ahora un modo sostenible y digno de vida, al cabo de décadas de recuperar basura, quedarían sin trabajo. Sugiero que se abra debate al respecto, en el que lo humano tenga cabida. No hay duda sobre la necesidad de inversiones, pero en simbiosis humanitaria, solidaria y transparente con quienes actualmente viven de ese oficio.

2. Urgente dar prioridad a un proceso educativo de socialización de la población, especialmente de amas de casa, que tienen en su mano el destino de los residuos, para convencerlas de cómo tratarlos, y aprovecharlos, porque si se siguen sacando a la vereda sin clasificar, mezclados en  una misma bolsa residuos orgánicos e inorgánicos, se seguirá echando a perder un alto porcentaje de residuos, malogrados por el contacto con basura orgánica, y perdiéndose la oportunidad de utilizar esta para producir energía. Sobre todo, se pierde el trato humano que merecen las y los gestores ambientales, y en efectividad. Hasta hoy tienen que ir abriendo bolsa tras bolsa malolientes, para buscar lo recuperable que haya y después limpiar los residuos sólidos cubiertos de residuos orgánicos para poder venderlos.  

Esta campaña está pendiente desde hace mucho tiempo en la mayoría de los barrios y comunidades. Si se hubiera adelantado,   se habría podido lograr un incremento de los hogares que clasifican, y con ello un aumento notable del porcentaje de residuos rescatados, beneficiando a los y las gestores ambientales, que irían recogiendo bolsas ya clasificadas, obviamente, con mayor rendimiento y dignidad para ellos.

Por más tecnología de punta que se le ponga al esfuerzo de limpieza de las ciudades, debe ir acompañado de un cambio cultural. Por ahora es prioritario vencer la resistencia a clasificar los residuos.

La cultura juega un papel mucho más importante de lo que se suponía como inductora de  desarrollo y cohesión social, como lo ha comprobado la Unesco. (O)

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